En dichas comarcas cada vez son más las denuncias por las malas condiciones laborales y de vida de las empleadas de hogar. En los últimos cuatro meses en LAB hemos atendido más de 32 casos. El último ha sido la actitud denunciable de un policía municipal vestido con uniforme de Gernika con una trabajadora de hogar.
La situación de las empleadas del hogar es preocupante. Esto no es nada nuevo ni en la comarca ni en Euskal Herria. Desde el sindicato LAB llevamos años organizando, uniendo y agrupando a las trabajadoras del hogar con objetivos claros: por un lado, denunciar la situación de explotación que sufren estas trabajadoras, así como el racismo y clasismo que sufren en su día a día tanto desde las instituciones como desde las administraciones (la mayoría de las empleadas del hogar son mujeres migradas, lo que aumenta la explotación, el racismo y el clasismo), y por otro, la defensa de sus condiciones laborales y de vida, articulando luchas por el primer convenio colectivo de las empleadas del hogar.
En los casos de Busturialdea y Lea Artibai, la dispersión geográfica agrava esta situación, ya que las trabajadoras de hogar están obligadas a trabajar en casas aisladas alejadas de núcleos de población, lo cual conlleva que carezcan de una comunidad o grupo cercano, especialmente en el caso de las que están en situación de internas. Este factor empeora la situación de explotación que sufren.
En la mayoría de los casos, a las trabajadoras se les deben miles de euros sin cobrar: falta de regularización de contratos y condiciones de trabajo, años y meses transcurridos sin vacaciones o descanso, horarios de trabajo de 12 a 15 horas diarias o control total del empleador sobre el día (vida) de estas trabajadoras. En esta situación, se les condena a no poder llevar adelante su proyecto de vida.
Cuando las empleadas de hogar dan el paso de denunciar su situación, reciben de parte de las personas empleadoras amenazas, fraudes o despidos (sobre todo quienes trabajan como internas). Por ejemplo, calificamos de muy grave la situación vivida este último mes por una trabajadora, a la cual su empleador, un policía municipal vestido con uniforme de Gernika, sin ni siquiera avisar, le sacó su ropa de casa y la dejó tirada en las dependencias de las policías locales de Gernika.
La violación sistemática de las condiciones laborales de las Empleadas de Hogar pone de manifiesto la crueldad de las políticas sociales y las desigualdades que su aplicación acrecienta. Mientras, las instituciones que deberían garantizar y proteger los derechos de las trabajadoras del hogar miran hacia otro lado.
Por eso, desde el sindicato LAB tendemos la mano a todas las trabajadoras de hogar y las animamos a que den el paso hacia la lucha y la organización.
¡Derechos para todas!

