La Covid por un lado, y la “tele-desasistencia” que los gestores de Osasunbidea han implantado en los centros de salud por otro, han saturado, colapsado y puesto en peligro el hasta ahora eficaz servicio de emergencias del 112. Desde LAB, exigimos más recursos en el teléfono de consulta y en Atención primaria para poder hacer frente a esta situación con garantías. Hoy hemos comparecido en Iruñea para trasladar nuestras exigencias.

La reconversión de la Atención Primaria a una especie de servicio de tele-asistencia y la incapacidad de Osasunbidea de ofrecer y organizar recursos para asumir la atención de consultas relacionadas con la Covid 19 están produciendo una saturación -e incluso colapso- del teléfono de emergencias 112. Es por ello por lo que este servicio se ve obligado a dedicar buena parte de sus recursos a la atención de consultas y urgencias de menor importancia.

Por un lado, el teléfono de consejo y consultas sobre la Covid no cuenta con personal suficiente y tiene, además, un horario limitado. Esto hace que ciudadanía y profesionales de la Salud acaben llamando al 112 para realizar consultas sobre el virus o las pruebas PCR, e incluso para pedir cita. Como resultado de atender a este tipo de llamadas informativas, el personal y el Centro 112 se ve desbordado, teniendo que explicar a quienes llaman, además, que el teléfono de urgencias no es el servicio que presta esta atención. Así pues, al personal del 112 no le queda más remedio que volver a remitir otra vez, a las y los solicitantes de información, a su centro de salud o al teléfono de consejo.

Por otro lado, el nuevo sistema implantado en los centros de salud y que se basa en sustituir la atención directa y presencial por la atención telefónica hace que los pacientes de atención primaria también acaben llamando al 112 “para que alguien vaya a verles”, ya que les resulta imposible obtener una atención adecuada en su propio centro de salud. En muchos casos, incluso se han detectado pacientes con patologías graves que, cuando ya no pueden aguantar más, han acabado llamando al 112. Estas personas, en consecuencia, han requerido atención urgente o traslado a centro hospitalario, con las consiguientes consecuencias y trastornos que ello conlleva; unas consecuencias y trastornos que posiblemente se podrían haber evitado.

Esta situación está afectando especialmente a personas mayores y pacientes crónicos, quienes además del estrés y el miedo que están padeciendo como colectivo de riesgo, nos transmiten la sensación de desamparo y abandono que sienten por parte de los servicios públicos.

Líneas saturadas, urgencias en espera, sistema colapsado
El personal del 112 recibe a diario decenas de llamadas, quejas y reclamaciones motivadas por la imposibilidad de contactar con el teléfono de consejo o por la negativa de los equipos de atención primaria a visitar a las y los pacientes. Estas llamadas son imposibles de diferenciar de las de urgencia, y así saturan el centro y las líneas. Esto hace, a su vez, que las urgencias reales puedan quedar en cola a la espera de ser atendidas, con el riesgo que eso supone en caso de situaciones de emergencia extrema.

Ejemplo de esta saturación es lo ocurrido el pasado viernes 04 de agosto sobre las 20:00h. En aquel momento coincidió la habitual saturación de llamadas en el horario de tarde con las relacionadas con la tormenta eléctrica y el incendio forestal en Gazolaz. Todo ello hizo que el sistema de telefonía de SOS Navarra cayese, quedándose fuera de servicio durante casi media hora; un tiempo en el que se perdieron cientos y cientos de llamadas al 112. Y por supuesto, no hay manera de saber si entre ellas quedó alguna situación de emergencia real sin atender.

Por un lado, no se atiende; por otro, se desvían recursos
Por si todo esto fuera poco, la Dirección General del Departamento de Salud, a instancias de la Subdirección del Servicio de Urgencias de Navarra, está aprovechando este tiempo de crisis sanitaria para volver a intentar cambiar el funcionamiento de SOS 112, poniendo en peligro la eficiencia de este servicio en la atención a la emergencia. Precisamente en un momento tan crítico para la sociedad como éste.

En plena crisis del Coronavirus, la Subdirección del SUE se ha empeñado en crear un nuevo servicio de enfermería dentro del 112, sin consensuar previamente protocolos y funciones con la Dirección del Servicio de Protección Civil y la DGI. Se ha trasladado al 112 a personal de enfermería que realiza consultas que no son de urgencia, mezclando sus llamadas con las que se atienden en el 112 habitualmente.

Esta situación está produciendo la saturación del 112 en algunos horarios, especialmente en fines de semana, llegando al colapso y perdiendo decenas de llamadas.

Es evidente que algunos responsables de Salud tienen como objetivo acabar con el modelo de emergencia integral actual (de coordinación interdepartamental de Interior y Salud: policía, Protección Civil, bomberos, Osasunbidea) para implantar un modelo sesgado e inconexo que deja a Sanidad desgajada del resto. No se sabe si por puro corporativismo, por protagonismo o por alguna razón más inconfesable aún, pretenden dinamitar un modelo integral y eficaz para imponer otro que manejen unas pocas y concretas personas, desde sus puestos directivos y sin tener que compartir la gestión con nadie.

Ante esta grave situación, sin embargo, las direcciones de Protección Civil y de Interior -responsables últimos tanto de la gestión y organización del Centro 112 como de los protocolos de actuación-, ni están, ni se les espera; y no es la primera vez que esto ocurre. Lo único que éstos hacen es echar balones fuera, aduciendo que Salud actúa por su cuenta, o realizar sugerencias tan increíbles como la de poner un contestador en el 112 y derivar las llamadas de consulta a la Cruz Roja u otras entidades. Sin comentarios…

El Departamento de Salud, por su parte, en lugar de reforzar el ámbito de Atención Primaria y los centros de salud, desvía personal de enfermería a realizar labores que podrían realizar otros profesionales, dejando a este colectivo sobrecargado y sin relevos que garanticen sus descansos. La subdirección de urgencias mantiene a 40 profesionales de enfermería en labores de rastreo del covid, que sobradamente podría realizar personal de otras categorías profesionales.

Un personal rastreador, por cierto, que según los cálculos de los expertos el número actual en Navarra debería multiplicarse por cuatro o cinco para ser eficaz de cara a controlar la cadena de contagio. Un problema que se podría solucionar fácilmente si se echaría mano de las listas de administrativos; el personal rastreador vería incrementada su plantilla y no tendríamos problemas de escasez de enfermeros y enfermeras.

Poco o nada les importa la situación de sobrecarga de trabajo que padecen las y los profesionales de atención primaria y el descontento que ha generado en la población el hecho de que limiten su acceso a los centros de salud de sus barrios y pueblos mediante un sistema de tele-asistencia totalmente ineficiente. Es significativo que durante toda la crisis del covid, de los más de 650 profesionales contratados, solo 31 han sido asignados a los centros de salud.

Desde LAB exigimos a Osasunbidea y a la Dirección General de Interior que tomen las medidas correspondientes para solucionar esta gravísima situación. Exigimos recursos suficientes para atender a las consultas sobre la Covid 19 y las pruebas PCR en el teléfono de consejo, aumentar el número de personal rastreador con perfil administrativo, así como para reforzar cuanto sea necesario la Atención Primaria. Pues solo así se podrá garantizar una atención adecuada a las personas usuarias, reservando el 112 para urgencias y emergencias; tal y como corresponde.