El pasado 9 de mayo falleció el trabajador de CEMOSA, empresa situada en Atxondo, Juan Mazorriaga Maguregui Matxorri, como consecuencia de su exposición al amianto cuando trabajaba en dicha empresa. Sus compañeros y compañeras han denunciado que el goteo de enfermedades y muertes derivadas de pasadas exposiciones al amianto es constante. «Debido al tiempo en que tardan en desarrollarse las enfermedades, y teniendo en cuenta que durante años se ha trabajado con el amianto, estamos asistiendo al cénit de la epidemia de las enfermedades derivadas de este mineral asesino», han señalado.
Comunicado de los comités de CEMOSA y GRUPO CEMOSA
AMIANTO, EL ASESINO SILENCIOSO
El pasado 9 de mayo falleció nuestro compañero Juan Mazorriaga Maguregui Matxorri, como consecuencia de su exposición al amianto cuando trabajaba en CEMOSA. El goteo de enfermedades y muertes derivadas de pasadas exposiciones al amianto es constante.
Debido al tiempo en que tardan en desarrollarse las enfermedades, y teniendo en cuenta que durante años se ha trabajado con el amianto, estamos asistiendo al cenit de la epidemia de las enfermedades derivadas de este mineral asesino.
Desde hace tiempo se sabe de la peligrosidad de esta fibra (el primer caso de asbestosis se diagnosticó en 1906). En 1973 la OMS reconoce la relación de amianto y el cáncer de pulmón y el mesotelioma y en 1978 el Parlamento Europeo lo declara como cancerígeno. A pesar de todo ello, las empresas se lucraron utilizando este material, mientras a la clase trabajadora se nos ha condenado a un futuro de incertidumbre, enfermedad y muerte.
Las víctimas siguen teniendo que pagar no solo con su salud, sino con su tiempo, la desidia de administraciones y empresas. Ya que, además de estar enfermos, se suele intentar camuflar o esconder el origen laboral de los daños, o se intenta diluir la responsabilidad poniendo en duda donde se enfermó, o si fumaba, o si es genético….
Por desgracia, no hay reconocimiento del daño sin pelea judicial. Da igual que se sepa que el amianto es un cancerígeno y que cualquier cantidad de fibras inhalada puede desarrollar en un futuro distintas patologías.
Las empresas que se lucraron con el uso de ese producto cuando ya se sabía que era cancerígeno, ahora se ponen de perfil para no asumir su responsabilidad.
Juan trabajó con amianto en CEMOSA, y ha muerto porque han primado los beneficios empresariales. No fumaba, y en este caso da igual, ya que el mesotelioma es un cáncer con origen únicamente en el amianto.
Le han acortado la vida y no les puede salir gratis, por eso le tenemos que exigir a la dirección de CEMOSA que se dé un reconocimiento de los daños a la salud-exposición laboral sin la necesidad de llevar a la familia a una larga vía judicial. Pero no solo en este caso, sino en todos los que puedan venir. No podemos condenar a la familia a largos periplos judiciales, solicitamos que la empresa asuma el daño y compensación.
Además, volvemos a exigir que a las personas trabajadoras en activo o jubiladas que han estado expuestas se les hagan los pertinentes reconocimientos médicos.
También a nivel colectivo tenemos que aprender de la experiencia. No podemos asumir trabajar con materiales que nos enferman y nos matan.
Es por eso que no podemos olvidar, se lo debemos. Por Juan, por todos y todas quienes trabajaron para ganarse la vida y ahora tienen una espada de Damocles pende sobre ellos y ellas.
Es la hora de tomarse en serio este problema, y CEMOSA no puede permanecer impasible ante la enfermedad y la muerte. Debe ponerse en primera línea para paliar las consecuencias de exposiciones pasadas, y compensar su responsabilidad en las mismas.
Ese es el camino, la única vía posible en defensa de la salud y la vida.Por último, cabe subrayar que en los últimos días han fallecido dos personas trabajadoras en Euskal Herria y otras seis han sufrido heridas, dos de ellas de carácter grave, en tres accidentes laborales. Desde aquí queremos mandar nuestro apoyo y solidaridad a las personas heridas, y a las familias y compañeros y compañeras de los fallecidos

