La histórica empresa gasteiztarra se enfrenta al cierre y a la destrucción de 30 puestos de trabajo.
La empresa Olazabal y Huarte ha encadenado años y años de mala gestión. Hace años, justo antes de entrar en pérdidas, la familia propietaria de la empresa se repartió 1 millon de euros en dividendos. Desde entonces, la empresa no ha levantado cabeza.
Hace cuatro años, la empresa fue adquirida por la firma Arteaga de Durangaldea. Y lejos de mejorar, su situación empeoró: intentos de aplicación de modificaciones sustanciales de condiciones laborales, impagos, incumplimientos muy graves en materia de prevención, casos de silicosis…
Una de las fundiciones más antiguas de la ciudad está en riesgo de cierre. La empresa solo pagó a la plantilla el 60% de las nóminas de julio, no ha pagado las de agosto y tampoco se prevé que pague las de septiembre. Ante esto, las y los trabajadores han exigido que les paguen lo que les deben, a lo que la empresa ha respondido solicitando el concurso de acreedores.
Desde LAB tenemos claro que esta situación es consecuencia de una pésima gestión empresarial. Algunas semanas la empresa no disponía de material para mantener la producción, y además, ha tenido que sufrir el desinterés de la dirección y la falta de proyecto industrial, lo que unida a la falta de inversiones, ha llevado a la empresa a la situación en la que se encuentra, con 30 puestos de trabajo están en peligro.
El pasado 24 de septiembre, la plantilla de Olazabal y Huarte realizó una jornada de paro y se movilizó en Durango, ante la planta de Funbarri, perteneciente al grupo Arteaga, para exigir una solución. Ahora está decidiendo cómo responder al atropello que está sufriendo.

