Mañana es 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. En el día internacional para la erradicación de la pobreza, los discursos se centran en intenciones y propuestas para poder lograr este objetivo, aun siendo conscientes de que para ello es necesaria una voluntad política de quienes gestionan las administraciones. Con el paso de los años, las reflexiones y propuestas que se hacen desde las administraciones públicas nos dejan un sabor francamente amargo. Porque, lejos de reducir la pobreza y mejorar la situación, la realidad nos demuestra que seguimos profundizando en las situaciones de pobreza y su expansión en Hego Euskal Herria.

Las reformas laborales y de pensiones implantadas desde los gobiernos tras la crisis económica de 2008 provocaron que se extendiese aún más la situación de precariedad y pobreza. Realizando un balance de los últimos diez años, la sociedad vasca ha sufrido, entre otras, las siguientes consecuencias:

• Extensión de los contratos basura. Las necesidades del mercado se han situado en el centro de todas las políticas y se ha creado empleo acorde a ello, precario y provisional. Un claro indicador de ello es que el 90% del empleo perdido en los primeros meses tras el inicio de la crisis sanitaria era temporal, siendo el desempleo juvenil y de migrantes (más aún en el caso de las mujeres migrantes) el que experimentó un mayor incremento.

• Aumentan las brechas salariales. En diez años la brecha salarial entre el percentil más bajo y la media ha aumentado un 17%. No obstante, el incremento más significativo ha sido entre el salario medio y el de la juventud, con un 102%. Además, los contratos eventuales reciben un salario inferior en un 30 % al de los indefinidos y las mujeres un 23% inferior que los hombres.

• Se ha visto afectada la negociación colectiva. La tasa de cobertura de los convenios ha pasado del 80% al 66% en una década, subiendo la cobertura de los convenios estatales. Esto ha supuesto profundizar en el proceso de precarización y empobrecimiento.

• Lejos de realizar una distribución más equilibrada de la riqueza, todos los indicadores nos indican que hemos empeorado. Por lo tanto, los que más tienen siguen acumulando más riqueza y los que menos tienen siguen siendo más pobres.

• A pesar de que la vivienda está reconocida como un derecho subjetivo en Euskal Herria, la ciudadanía vasca sigue teniendo que pagar el acceso a una vivienda como si fuera un artículo de lujo, destinando en muchos casos más de la mitad del salario al alquiler de la vivienda.

• Y cómo no, como consecuencia de todos estos elementos, se ha extendido la pobreza y la exclusión social. De hecho, según los últimos datos, el 23% de la población de Nafarroa Garaia y el 18% de la CAV vive en riesgo de pobreza. Además, la población en situación de pobreza y exclusión social ha crecido considerablemente en diez años, acumulando la CAV un incremento del 16%.

A partir de marzo de 2020 nos encontramos con una nueva crisis derivada de las decisiones adoptadas en respuesta a una crisis sanitaria. Tendremos que hacer frente a esta crisis con un escenario en el que ya estaba extendida la precariedad y la pobreza.

Además, las decisiones gubernamentales tomadas en respuesta a la pandemia han empeorado notablemente la situación: se ha perdido el empleo de las y los más vulnerables, la falta de pertenencia a la comunidad virtual ha disminuido la igualdad de oportunidades, muchos miembros en situación de exclusión grave han tenido que renunciar a un empleo para poder cumplir con sus obligaciones de cuidado, el confinamiento (o el aislamiento o cuarentena que se han tenido que realizar en los últimos meses) ha tenido un impacto negativo en la salud física y psicoemocional. Así, se han extendido aún más la pobreza y exclusión social y la situación de las personas que ya se encontraban en esta situación ha empeorado.

A este escenario, debemos añadir que nos encontramos con que se han perpetuado la filosofía y las reglas adoptadas en la solución neoliberal que se le dió a la crisis de 2008, y la situación de los próximos meses y años se perfilará lamentablemente en función de ello.

Este 17 de octubre queremos subrayar la necesidad de acabar con la pobreza y la exclusión social. Tenemos claro que las recetas que se han seguido hasta ahora nos han traído una profundización y extensión de la pobreza, consecuencia de las políticas públicas neoliberales adoptadas. Acabar con la pobreza es posible, pero para ello hay que ir más allá de una mera política pública asistencial. Dichas políticas deben orientarse a la creación y mantenimiento de un empleo digno, ya que hay riqueza suficiente para que toda la ciudadanía de Euskal Herria viva dignamente. Las políticas públicas se pueden orientar en dos direcciones: en beneficio de las élites económicas o de la ciudadanía. Es hora de situar en el centro de todas las políticas las necesidades de toda la ciudadanía, ya que hasta ahora las han situado al margen, sólo de esa manera podremos erradicar la pobreza. Para ello, necesitamos cambios estructurales, es imprescindible cambiar radicalmente las políticas públicas.