La dirección de Osakidetza está evidenciando su incapacidad manifiesta una vez más. No estamos de acuerdo con el clasismo que se esconde tras la valoración de los ceses de altos cargos de Osakidetza. El hastío está alcanzando a los equipos directivos, pero no es nuevo, sino todo lo contrario. Desde hace demasiado tiempo, el autoritarismo está supliendo todos los modelos de gobernanza en Osakidetza, en un intento de las direcciones de perpetuarse en unos cargos que les vienen grandes.

LAB quiere poner de manifiesto que son miles las y los profesionales que hubiesen dimitido hace meses si hubiesen podido, la situación que se está dando en la dirección de Donostialdea es un reflejo del hastío generalizado en la base trabajadora de la sanidad pública vasca.

La falta de refuerzo, las perspectivas de deterioro, el autoritarismo, las cargas de trabajo, el recorte de derechos, etc. son cuestiones que llevamos años denunciando en incontables movilizaciones y huelgas. Si la dirección fuese mínimamente profesional hay conflictos que estarían solucionados hace años. Si la dirección de Osakidetza fuese mínimamente democrática hubiesen dimitido hace meses, pero han optado por seguir la misma estrategia de siempre, tapar los errores tirando de obediencia de sus cargos y menospreciando a la plantilla. La putrefacción del modelo de gobernanza es tan insoportable y el ataque a la sanidad publica tan grave que los ceses son necesarios, y los tiene que firmar Urkullu.

No hay solución posible con la actual dirección, porque no es una dirección, es una junta militar de pensamiento único que sólo está capacitada para dirigir con mano de hierro, porque sus carencias son muchas e importantes.

Es la dirección actual quien debe dimitir o debe ser cesada, y la consejera debe realizar una profunda reflexión o el hastío llegará también a su despacho.