Según los datos del paro publicados, el empleo sigue recuperándose, situándose ya en números previos a la pandemia. En Hego Euskal Herria, son 1.076 parados menos, y aumenta también la afiliación.

Desde el punto de vista del empleo son datos positivos, ya que necesitamos empleo para vivir con calidad, pero ese empleo nos debería permitir tener una vida digna y ahí está el problema. Tenemos experiencia: la crisis económica de los años posteriores a 2008 se gestionó con la reforma laboral de 2012, facilitando el despido, debilitando la negociación colectiva y, en definitiva, atacando los derechos de la clase trabajadora frente a los intereses de la patronal. Y en los siguientes años de “recuperación” continuamos con la misma normativa. La supuesta recuperación no benefició a los y las trabajadoras, ni mucho menos. Podrán decir que los sindicatos realizamos estas afirmaciones para crear opinión, que estamos dispuestos siempre a la crítica. Pero nosotras no hacemos más que corroborar lo que dicen los datos:

En la última década el empobrecimiento y la precarización ha ido en aumento. En la actualidad, en Hego Euskal Herria estamos en tasas de riesgo de pobreza más altas que hace 10 años. El número de trabajadores y trabajadoras que disponen de una cobertura de algún convenio colectivo ha disminuido considerablemente, aunque en los últimos años hemos podido mejorar algo dicha protección a medida que aumentaban los conflictos y las huelgas. Algunas brechas salariales se han mantenido estructuralmente, como la brecha salarial por género, y otras han aumentado: la brecha entre el salario de la juventud y la media, entre los salarios más altos y más bajos o la brecha según la nacionalidad. A ello habría que añadir la pérdida generalizada de poder adquisitivo, siendo los sectores más vulnerables los que más han perdido: la juventud, las personas con salarios más bajos y los y las migrantes.

Además, la crisis generada por las medidas adoptadas para hacer frente a la pandemia ha sido gestionada con la misma normativa, y en nuestro caso ha quedado claro que se ha creado empleo desechable en función de las necesidades de la patronal. Debemos recordar lo fácil que fue despedir a las y los trabajadores en los primeros meses, cuando más del 90% del empleo que se perdió en los primeros meses era eventual. El 88% del empleo recuperado este mes también ha sido eventual.

Y podríamos seguir hablando sobre nuevas formas de precarización, de los peligros de la digitalización, etc. Para la clase trabajadora la realidad es dura y el futuro lleno de riesgos. De ahí que sea tan necesaria la derogación completa de la reforma laboral y el desarrollo propio de una legislación laboral que afronte los retos del futuro.

En el Estado español ya se está negociando la derogación de la reforma laboral. Miramos con preocupación a Madrid porque no vemos un cambio como el que requieren las circunstancias, al parecer no está en la agenda cambiar una serie de medidas que han sido tan perjudiciales para los y las trabajadoras, como facilitar los despidos.

La clase trabajadora necesita, con urgencia, una derogación total de la reforma laboral. Necesitamos una normativa laboral que proteja a los y las trabajadoras y eso no va a venir de Madrid. Normativa laboral propia, código laboral propio que responda a las necesidades de los y las trabajadoras y su realidad. Ésa es la oferta de LAB.