La sangría laboral provocada por el coronavirus, y por las medidas adoptadas para evitar una catástrofe mayor, han dejado como balance anual la destrucción de 35.200 puestos de trabajo en los territorios de Hego Euskal Herria, lo que supone casi el 3% de la población que hace un año estaba ocupada.

A esto hay que añadir otras 35.000 personas que a finales de marzo todavía estaban afectadas por un ERTE y cuyo futuro laboral pende de un hilo.

Según los resultados de la encuesta EPA por sectores, el impacto ha sido más fuerte en los servicios, sobre todo en la hostelería y en todos aquellos relacionados más directamente con el ocio. Precisamente en estas ramas de actividad se encuadra la actividad laboral de un gran número de jóvenes, en empleos temporales y muy precarios. Por esa razón la juventud, utilizada como carne de cañón, está siendo el segmento de la población más afectado por la crisis.

La ocupación laboral entre menores de 25 años ha caído un 12% en el último año, y las cifras de desempleo prácticamente se han duplicado hasta alcanzar una tasa de paro que supera el 37%. Esta cifra de paro es completamente disparatada, sobre todo si la comparamos con la media de la Unión Europea, situada en torno al 17%. De hecho, entre los Estados miembro de la UE tan solo el español tiene un tasa de paro juvenil superior a la nuestra.

Por otro lado, la tasa de temporalidad entre la juventud vasca está rozando el 75% y constituye una muestra más de las deplorables condiciones laborales que soportan las generaciones más jóvenes en su penoso proceso de inserción laboral.

Por todo ello, en vísperas del Primero de Mayo y a las puertas de una nueva reforma laboral, aprovechamos la ocasión para subrayar que la experiencia demuestra como las reformas nunca han servido para crear empleo, pero sí han contribuido a precarizarlo. Aunque también pueden ayudar a conseguir todo lo contrario.

En este sentido, exigimos al PSOE que cumpla sus compromisos y desmonte la reforma laboral, tal y como prometió.