Resultaría demasiado triunfalista e ingenuo hablar de recuperación del empleo en Hego Euskal Herria, con una variación de la población ocupado de tan sólo el 0,7% a lo largo de 2014. Sin embargo, éste es el saldo neto que arroja la encuesta EPA del último trimestre; lo que significa que hay un total de 7.500 personas ocupadas más que a finales del año anterior.

Este raquítico resultado constituye un importante motivo de preocupación, ya que al actual ritmo serían necesarias como mínimo dos décadas para recuperar el nivel de empleo existente antes de la crisis. Pero además de la insuficiente creación de empleo, la alarma es doble por que el empleo nuevo es cada vez de peor calidad.

En concreto, según los datos publicados por el INE, el año pasado se destruyeron 23.200 puestos de trabajo a tiempo completo, lo que supone una reducción del 2,5%. Por el contrario, hay 30.700 personas más ocupadas a tiempo parcial, es decir, un 16,6% más que hace un año.

Esta tendencia ha provocado que en la actualidad prácticamente el 19% de las personas ocupadas trabajen a tiempo parcial; mientras que hace seis años (en los inicios de la crisis) este porcentaje tan sólo era del 13,6%. Otra novedad es que el trabajo a tiempo parcial se está extendiendo también entre los hombres; aunque sigue teniendo una incidencia mucho mayor entre las mujeres, ya que una de cada tres ocupadas trabaja a tiempo parcial.

Por tanto, concluimos que el aumento de la población ocupada además de ser escaso, proporciona una falsa imagen de mejoría; y lo que realmente sucede es que ahora el trabajo se reparte entre más personas, pero con menos horas y menos salario.
Por otro lado, también debemos destacar el recrudecimiento de la precariedad ligada al empleo temporal. De hecho, el nivel de empleo asalariado de carácter indefinido no ha registrado una variación significativa en términos interanuales (0,1%). En cambio, el personal asalariado con un contrato temporal ha aumentado algo más del 6%. Esta evolución ha situado la tasa de temporalidad en un 22,3% (un punto más que el año anterior), y entre las mujeres ya roza el 26%.

Ante este panorama es obligado recordar que inicialmente los costes de la crisis recayeron sobre la clase trabajadora en forma de expedientes, despidos masivos, reducción de prestaciones y recorte de derechos sociales y laborales, entre otros. Y ahora que se anuncia un “cambio de tendencia” también son los trabajadores y las trabajadoras quienes están pagando la salida de la crisis, en el supuesto de que pueda llegar a consolidarse el actual modelo de empleo precario donde impera la temporalidad, la parcialidad involuntaria y los bajos salarios.

En cualquier caso, es evidente que el reparto de los esfuerzos para lograr la ansiada recuperación está siendo completamente desequilibrado, injusto e inaceptable.