Artículo de opinión del responsable de Relaciones Internacionales Koldo Sáenz de Benito.
En un conocido discurso pronunciado en Buenos Aires en mayo de 2003, Fidel Castro reivindicó que Cuba no lanzaba bombas contra otros pueblos ni enviaba miles de aviones a bombardear ciudades; que no poseía armas nucleares, ni químicas, ni biológicas. Continuó su intervención señalando que las decenas de miles de científicos y médicos con que cuenta el país han sido formados en la idea de salvar vidas, y que sería absolutamente contradictorio poner ese conocimiento al servicio de la destrucción. Fidel sintetizó en cuatro palabras lo que representa la Revolución Cubana para la humanidad: médicos, no bombas.
A día de hoy es innegable que Cuba atraviesa en la actualidad uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. La isla caribeña, que durante años ha sido referencia en ámbitos como la sanidad pública, la educación universal o la cooperación internacional, enfrenta hoy una combinación de factores que están deteriorando las condiciones de vida de su población.
El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos —y endurecido en los últimos años— continúa siendo un elemento central de esta situación. Su objetivo histórico ha sido claro: socavar el apoyo popular a la Revolución mediante una presión económica sostenida que asfixie al pueblo cubano, todo ello en nombre de la democracia y los derechos humanos.
Algunas cifras ayudan a dimensionar el impacto de este bloqueo, vigente desde 1962. Las pérdidas acumuladas para la isla superan los 164.000 millones de dólares, lo que equivale a más de 20 millones diarios. A ello se suman los costes adicionales derivados de la reubicación del comercio internacional y las importantes pérdidas en exportaciones de bienes y servicios.
Las guerras y los conflictos aumentan en el mundo porque el capital ha decidido que es el único camino para mantener su hegemonía. Vivimos, además, en un contexto internacional marcado por la inestabilidad. Los conflictos se multiplican, las guerras se prolongan y la precarización de la clase trabajadora se intensifica. En este escenario, no resulta difícil advertir una lógica global en la que la acumulación de capital y la hegemonía geopolítica se imponen con frecuencia por encima de la vida y el bienestar de los pueblos.
La guerra empantanada en Ucrania, el genocidio en Gaza, la operación militar contra un país soberano como Venezuela y el secuestro del presidente legítimo Nicolás Maduro y Cilia Flores y la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán responden a una misma lógica: la acumulación de capital y la eliminación, por la vía de la fuerza, de cualquier proyecto político que se oponga a los dictados de Washington.
Estados Unidos repite hasta la saciedad que Cuba es una amenaza y que financia el terrorismo pero si algo ha caracterizado a la Revolución Cubana ha sido el haber desarrollado un modelo político y económico que antepone la vida al capital y que defiende la paz, la soberanía de los pueblos y el respeto a los derechos humanos. Si se tuviera que incluir a Cuba en alguna lista, sería en la de la solidaridad, el humanismo y el internacionalismo.
Por todo ello, Cuba ha sido y sigue siendo un faro para muchos pueblos del mundo que aspiran a construir alternativas más justas. En consecuencia, se hace necesario reforzar la solidaridad internacional y devolver, en la medida de lo posible, el apoyo que la isla ha brindado durante décadas.
Es necesario apoyar a Cuba en todos los frentes y demostrar al mundo que Cuba no está sola. Tanto los gestos de apoyo como las omisiones hablan por sí mismos, especialmente cuando se trata de un pueblo que ha compartido solidariamente sus recursos con el mundo. El hecho de que en el momento de escribir este artículo un carguero ruso de petróleo esté en aguas cubanas es una magnífica noticia y sin duda supondrá una bombona de oxígeno para el pueblo cubano. El apoyo de México y otros estados y el silencio de otros también está siendo significativo.
También en el ámbito sindical se han producido iniciativas relevantes. La Federación Sindical Mundial, a la que está afiliada el sindicato LAB, junto con la Central de Trabajadores de Cuba, ha impulsado una semana de movilización y solidaridad, mientras que otras organizaciones internacionales, como la Confederación Sindical Internacional, seguramente por la presión de los sindicatos norteamericanos, callan ante semejante violación de los derechos humanos y de la legalidad internacional.
Desde LAB y desde Euskal Herria, hemos intentado hacer nuestra pequeña aportación, desarrollado diversas iniciativas solidarias, y durante semanas lanzamos, junto con asociaciones de solidaridad con Cuba, la campaña «Langileon elkartasunez, blokeoa hautsi!», que ha permitido recolectar más de seis toneladas de material sanitario, 185 kilos de medicamentos y más de 36.000 euros en recursos, además de 12.366,40 euros destinados a la compra de marcapasos.
Con estas acciones desde Euskal Herria queremos aportar, modestamente, a un proceso que ha ofrecido tanto al mundo. En un contexto global marcado por conflictos, desigualdades y el auge de posiciones de extrema derecha, resulta más necesario que nunca fortalecer los lazos de solidaridad entre los pueblos.
Hoy, más que nunca, Cuba sigue representando una referencia para quienes defienden un mundo basado en la justicia social, la cooperación y la dignidad de los pueblos.



