Estamos entrando en un nuevo tiempo. A medida que se va superando la crisis sanitaria, se está incrementando la necesidad de dar una respuesta adecuada a la crisis económica y social. Es el momento para mostrarse con fuerza ante la patronal y las instituciones, enviar un mensaje claro y pedir medidas concretas.

Algunas y algunos se han lanzado a organizar sus vacaciones soñando con la «normalidad». Debido a las políticas de reforma laboral, de pensiones, de recortes y de mercantilización y privatización de los servicios públicos impuestas con la excusa de la crisis anterior, para muchas otras personas, sin embargo, las vacaciones y la normalidad, ambas, son una quimera. Les resulta imposible una vida mínimamente digna.

Cuando los datos de la pandemia dejan margen para ello, nos están deslizando mensajes optimistas por todas partes. Nos dicen que, una vez haya pasado lo peor, la economía tendrá un crecimiento fuerte y rápido, que se reducirán las tasas de paro y que se devolverá todo a la hostelería y al comercio. Quieren que pongamos el foco en el Producto Interior Bruto (PIB), que responde a la lógica capitalista. A nosotras y nosotros no nos vale ese indicador: no tiene en cuenta las labores de cuidados que quedan fuera del mercado laboral regulado, no garantiza un reparto más equilibrado de la riqueza que se genera, no asegura un trabajo digno, no mide la calidad de los servicios públicos y no tiene en cuenta cuál es la huella ecológica para crear riqueza.

Son necesarios cambios. La transición ecosocialista y feminista es nuestro camino para construir un nuevo modelo económico y social que ponga la vida en el centro. El sector público debe ser el eje de la actividad económica; hay que impulsar políticas de reconocimiento y reparto de todos los trabajos y de reparto de la riqueza. Se debe poner en cuestión el modelo de producción y consumo vigente.

No es ésta la respuesta que se quiere dar a la crisis. La lógica del mercado ha vuelto a imponerse. El campo de juego para el nuevo tiempo lo han establecido los Fondos Europeos en beneficio de las empresas transnacionales. El dinero público se pondrá en manos privadas, sin exigir ningún tipo de condiciones sociales ni de compromisos. Se impone una visión androcéntrica para entender la economía. La pandemia ha dejado muy claro cuáles son los trabajos imprescindibles para sostener la vida, pero la cuestión de los cuidados sigue sin soluciones adecuadas, sin reconocimiento político, económico y social para los sectores feminizados y precarios esenciales. Garantizar un empleo digno o mejorar los servicios públicos tampoco están entre las prioridades de las políticas públicas.

Los estados que quieren recibir dinero de esos fondos tienen que cumplir una serie de condiciones y lo están haciendo así los dos Estados, que nos imponen decisiones sobre las condiciones laborales y de vida de las y los trabajadores de Euskal Herria. Hay que aparcar las reformas laborales, apostar por crear empleo público de calidad y garantizar que ese empleo sea estable. El Gobierno de Madrid no lo hará, y ni tan mal si adopta alguna medida correctora, pero hace falta mucho más para poner límites a la centralización de la negociación colectiva y garantizar un empleo digno. También en París, por la misma vía, se está trabajando en la reforma que limitará las prestaciones por desempleo y se ha reabierto la posibilidad de una nueva reforma de las pensiones. Las relaciones laborales y los sistemas de pensiones y protección social exigen una profunda transformación para garantizar una vida digna a las y los trabajadores. Y, sin duda, esta es una época ideal para promover un Código Laboral de Euskal Herria y una ley propia de Seguridad Social.

Con las competencias que tenemos actualmente se puede hacer más. Instamos al Gobierno Vasco y al Gobierno de Nafarroa a poner al servicio de la ciudadanía las posibilidades que da el Concierto Económico. Ya es hora de reforzar los servicios públicos, impulsar el sistema público comunitario de cuidados y promover una reforma fiscal profunda.

Las respuestas que necesitamos las y los trabajadores no se acordarán entorno a una mesa de diálogo, sino peleando y conquistando cambios desde el liderazgo del soberanismo y de las y los trabajadores de izquierda. La República Vasca socialista, feminista y euskaldun está en el horizonte. Se trata de un camino que debemos recorrer impulsando el proceso de soberanía popular.

En Euskal Herria tenemos abiertas numerosas luchas sindicales y sociales, como las luchas ejemplares que están salpicando los centros de trabajo, los barrios y los pueblos, entre ellas la dinámica sociosindical que se ha creado en Aiaraldea a partir del conflicto de Tubacex (gran victoria con motivo de la sentencia que anula los despidos. Zorionak desde estas líneas a todas y todos los trabajadores en lucha. ¡la lucha merece la pena!). El 30 de enero del año pasado, realizamos la última Huelga General. No fue una huelga de respuesta, fue una huelga que planteamos a la ofensiva y la pandemia no nos ha sacado de las calles. El momento exige la convocatoria de nuevas huelgas y movilizaciones. En el mismo sentido hablaron las y los pensionistas en las manifestaciones del 29 de mayo. Desde LAB, seguiremos intentando construir las mayorías y consensos que requiere una convocatoria de este tipo. Estamos dispuestas y dispuestos a buscar el momento para la confluencia de luchas.

Es tiempo de rechazar las reformas y recortes vigentes y condicionar las que están en camino, sin esperar a nuevas decisiones. Es tiempo para sacar a relucir todo el músculo en favor de la transformación social y el cambio político.