Los trabajadores y trabajadoras de la Zapatería Calzados La Palma han sido informadas esta misma semana de la presentación de concurso de acreedores por parte de la mercantil. La plantilla quiere manifestar públicamente su absoluto rechazo a esta medida, más cuando en todas las ocasiones en que la empresa ha planteado tomar medidas para paliar la situación, han mostrado su disposición a colaborar para la elaboración de planes reales que lleven a buen puerto el futuro de sus puestos de trabajo, siendo siempre rechazada su participación en las mismas.

En ninguna de esas ocasiones la empresa ha querido poner sobre la mesa toda la información con claridad, se les han ocultado operaciones que se realizaban, totalmente contrarias a la viabilidad del negocio, y se han limitado a pedir a la plantilla esfuerzos económicos totalmente inasumibles.

Afirman rotundamente que la situación actual no es fruto exclusivamente de la crisis, sino de una gestión premeditada durante los últimos años, claramente dirigida al cese de la actividad. Que la presentación de concurso sea ahora no es casualidad, sino el momento elegido para abandonar el negocio por parte de los propietarios. No se explica si no, que a pesar de la insistencia por parte de la plantilla para centrar las ventas en marcas rentables que históricamente han sido muy beneficiosas, haya habido un empeño en continuar invirtiendo en productos poco rentables. Aún así, el volumen de venta no ha disminuído significativamente, pero las deudas no dejan de aumentar.

Genera dudas considerables que el recorrido que esta empresa ha hecho los últimos años pueda dar rentabilidad al negocio ni garantía alguna de continuidad. ¿Crisis económica o crisis voluntaria? Calzados La Palma, esta emblemática empresa de Bilbao, tendrá que dar muchas explicaciones sobre todo lo mencionado, y justificar las medidas adoptadas.

La plantilla de Calzados La Palma, con una media de 40 años de servicio en esta empresa, con edades delicadas para integrarse en el mercado laboral y con una trayectoria intachable en su labor, ahora se encuentra en las puertas del desempleo, mayores para encontrar otro trabajo pero jovenes para cesar en su actividad, con familias, con cargas, y con muchos años de cotización sin garantía de finalizar sus vidas laborales dignamente. A la pregunta formulada a los responsables de la empresa acerca de cómo será su futuro, no hay respuesta a la misma. No les ha temblado el pulso para pedirles sacrificios, sin embargo nadie responderá por la situación precaria a la que les condenan.