La reunión mantenida el pasado 1 de junio con la Administración Concursal deja una conclusión que para LAB es clara: la plantilla tenía razón.
La decisión de dejar sin efecto el ERE, el cierre de la acería y la externalización de la logística confirma lo que hemos defendido desde el primer día. Las medidas que la dirección pretendía imponer no eran la solución a los problemas de Tubos Reunidos, y el problema nunca ha sido la plantilla ni sus condiciones laborales.
Por eso, la retirada de estas medidas supone una victoria de la plantilla, una victoria de comarca y una victoria de la lucha sindical.
Una lucha que durante meses ha sido cuestionada, criminalizada y atacada desde diferentes ámbitos. Se intentó responsabilizar a las trabajadoras y trabajadores de una situación que nunca provocaron. Se intentó presentar la movilización y la huelga como un obstáculo cuando, en realidad, eran la consecuencia directa de unas decisiones empresariales que amenazaban el empleo y el futuro industrial de Aiaraldea y Ezkerraldea.
Hoy podemos decir con orgullo que luchar ha merecido la pena.
La reunión con la Administración Concursal también dejó otra cuestión en evidencia. Durante el periodo de consultas del ERE, la dirección defendió que esas medidas eran imprescindibles para evitar males mayores y garantizar la viabilidad de la empresa. Sin embargo, pocas semanas después de finalizar el proceso de negociación, Tubos Reunidos ha terminado entrando en concurso de acreedores.
LAB lo tiene claro: la dirección engañó a la plantilla y a su representación sindical durante la negociación del ERE. Dijeron que los despidos eran la única alternativa para evitar el concurso de acreedores y hoy sabemos que aquello era falso. Apenas unas semanas después, la empresa ha entrado igualmente en concurso. Intentaron justificar un plan de despidos sobre un relato que los propios acontecimientos han desmontado.
En Tubos Reunidos, el principal problema ha sido una dirección que durante años ha tomado decisiones que han llevado a la empresa a una situación límite.
Hablamos de una gestión que permitió repartir cerca de 170 millones de euros entre accionistas procedentes de una operación que debía servir para reforzar el proyecto industrial. Hablamos de decisiones financieras que han acabado generando una deuda insostenible. Hablamos de una gestión que ha deteriorado gravemente la credibilidad de la empresa ante las instituciones, ante la sociedad y ante la propia plantilla.
Y hablamos también de una dirección sobre cuya actuación siguen apareciendo informaciones y actuaciones judiciales que refuerzan la necesidad de aclarar qué ha ocurrido durante estos años y quiénes son los responsables de haber llevado a Tubos Reunidos hasta esta situación.
Mientras la mayoría sindical ponía el foco en estas responsabilidades, otros prefirieron asumir el relato de la dirección y señalar a la plantilla. Sin embargo, el tiempo está poniendo muchas cosas en su sitio.
También queremos interpelar a las instituciones. Durante demasiados meses han asumido, sin apenas cuestionarlo, el relato de la dirección; han contribuido a generar titulares que apuntaban a la plantilla y no a quienes habían llevado a la empresa a esta situación; y, en demasiadas ocasiones, han actuado con más opacidad que transparencia.
Ahora se abre una nueva fase y las instituciones tendrán que decidir qué papel quieren jugar. Desde LAB lo tenemos claro: si se plantea cualquier tipo de apoyo público o la entrada de dinero público para garantizar el futuro de Tubos Reunidos, ese dinero tiene que estar condicionado. Condicionado al mantenimiento del empleo, al mantenimiento de la actividad industrial, a la defensa de las condiciones laborales y a un verdadero proyecto de futuro para Aiaraldea y Ezkerraldea.
No puede repetirse el esquema que nos ha traído hasta aquí: dinero público sin control, sin garantías y sin exigir responsabilidades a quienes han gestionado la empresa de forma desastrosa.
LAB es plenamente consciente de la gravedad del momento. Nadie puede interpretar esta situación como el final del camino. Hemos ganado una batalla importante, pero queda mucho por delante.
La Administración Concursal trasladó que la salida pasa por encontrar nuevos inversores y nuevos proyectos industriales capaces de garantizar la continuidad de la actividad. Desde LAB queremos dejar clara nuestra posición.
Apostamos por el futuro de Tubos Reunidos.
La plantilla ha demostrado sobradamente su compromiso con la empresa, con el empleo y con el futuro industrial de Aiaraldea y Ezkerraldea. Lo ha demostrado en los momentos más difíciles y lo seguirá demostrando en esta nueva etapa.
Pero cualquier proyecto de futuro deberá cumplir condiciones muy claras: garantizar el empleo, garantizar la actividad industrial, mantener el carácter estratégico de la empresa y ofrecer un futuro para ambas comarcas.
Y hay otra cuestión importante. Para LAB no basta con que cambie la propiedad o entren nuevos inversores. Tubos Reunidos necesita una ruptura total con la gestión que la ha conducido hasta esta situación. Quienes han llevado a la empresa al borde del abismo no pueden seguir dirigiendo su futuro. La dirección actual tiene que irse.
Quienes han tomado las decisiones que han llevado a la empresa al concurso de acreedores no pueden seguir siendo quienes dirijan su futuro. Es una exigencia de responsabilidad, de credibilidad y de confianza. No aceptamos que un nuevo proyecto industrial venga acompañado de los mismos responsables que han conducido a la compañía a esta crisis.
En esta nueva fase, LAB actuará con responsabilidad, hará un seguimiento riguroso del proceso concursal y seguirá defendiendo los intereses de la plantilla en todos los ámbitos.
Lo hicimos cuando quisieron imponer despidos y cierres. Lo seguiremos haciendo ahora.
Porque, si algo ha demostrado este conflicto, es que cuando una plantilla se organiza, resiste y lucha, las cosas pueden cambiar.

