En vísperas del Día Internacional contra la Violencia Machista, hemos organizado en Iruñea una jornada interna a las y los afiliados del sindicato, en la que hemos llevado a cabo una charla para poner sobre la mesa las herramientas, recursos y alternativas de LAB en esta lucha. Además, ponentes de primer nivel nos han contado su experiencia. Han participado Ana Pinto, representante de Jornaleras de Huelva en Lucha; Miren Beltrán, trabajadora de Lantegi Batuak; Aitzole Araneta, sexóloga, técnica de igualdad y activista trans; y Elixabete Etxeberria, secretaria de la Secretaría Feminista de LAB.

Esta última ha hablado sobre el protocolo elaborado por LAB para combatir la violencia machista en los centros de trabajo. El sindicato tiene claro que hay que acabar con la violencia machista y, en ese camino, es imprescindible diseñar protocolos en los centros de trabajo. Para ello, hemos creado y renovado la herramienta mencionada.

Según la Secretaría Feminista, «en el ámbito laboral se dan ataques diarios. Las mujeres* a menudo se sienten desprotegidas. Es inevitable que pidamos medidas. Nuestro trabajo es exigir condiciones para crear espacios seguros». Siempre y cuando tengamos clara nuestra responsabilidad, «es responsabilidad de la patronal elaborar los protocolos. Tenemos mucho que hacer para acabar con la violencia machista. Los centros de trabajo deben ser espacios libres de agresiones sexistas».

Nos quieren sumisas

La violencia machista es la herramienta del sistema heteropatriarcal para tener a las mujeres* pisoteadas, cumpliendo con los roles que nos impone (cuidadoras, buenas madres), silenciadas y sumisas.

El capitalismo utiliza, además, la violencia machista para apoderarse de nuestro trabajo gratis y, en el ámbito laboral, para desarrollar empleos de pura explotación y evitar, a través de las amenazas, que protestemos o denunciemos esa explotación con el fin de conseguir mejores condiciones.

La violencia machista en el mundo laboral es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Y como nuestra sociedad se basa precisamente en jerarquías y relaciones de poder, la desigualdad de género es fuente de discriminación de las mujeres*.

La violencia machista en los centros de trabajo es una realidad que permanece latente: la amenaza de quedarse sin trabajo siempre está detrás de ella, por eso la violencia no se denuncia ni se da a conocer lo suficiente. Las amenazas y sanciones son múltiples: despidos, cambios de horario, no autorización de medidas de conciliación, negativas a cambiar de puesto de trabajo, traslados, acoso sexual y sexista, menosprecio de nuestro trabajo.

Además, en los centros de trabajo se entrecruzan diferentes relaciones de poder: sexo, raza, origen, clase, diversidad funcional. Precisamente por eso, los centros de trabajo son un lugar propicio para la violencia machista, porque hay muchas personas atravesadas por más de un eje de opresión, lo que les pone en una situación de mayor vulnerabilidad y desamparo.

Es urgente garantizar medidas para que podamos denunciar todo esto de forma segura, para que nuestras palabras y denuncias no sean cuestionadas y tenidas en cuenta.

Para hacer frente a todo esto, los protocolos contra la violencia machista son una herramienta imprescindible. Estas deben diseñarse con la participación de las trabajadoras, difundiendo los contenidos, haciendo un trabajo de concienciación, y aplicándolos adecuadamente. No podemos dejar a las mujeres desprotegidas y sin garantías a la hora de denunciar la violencia machista. Eso será decisivo para atreverse a denunciar.

El compromiso y la apuesta del sindicato LAB es firme en aras de que los centros de trabajo sean espacios libres de violencia machista. Y para que así sea, exigiremos a todas las empresas que pongan en marcha protocolos.