Arg. Ecuador Etxea

El 28 de mayo es el Día Internacional de la Salud de las Mujeres*. En este contexto, LAB reivindica el derecho que tenemos las mujeres* a la salud y a la salud laboral. Con el objetivo de dar voz a las mujeres trabajadoras* de sectores feminizados hemos entrevistado a Nekane Olalde, que lleva 14 años trabajando como gerocultora en la residencia Abeletxe de Ermua. Pese a señalar que la situación de la salud laboral en los sectores feminizados es “un desastre”, no deja de mostrar una gran determinación para la lucha y para hacer que las cosas cambien.

¿Cuál es vuestra situación desde el punto de vista de la salud laboral? ¿Qué problemas tenéis?

En Abeletxe la situación siempre ha sido grave, siempre hemos andado muy justas. Tenemos problemas de todo tipo, de huesos… Nos maltratan psicológicamente y eso nos lleva a niveles muy altos de estrés. Trabajamos bajo mínimos y la situación es penosa.

¿Cómo se concreta este maltrato?

Reconozco que es una palabra contundente, a mi nadie me pega un tortazo, no es físico, pero no cubren bajas, ni horas sindicales, ni excedencias, ni nada. Como siempre trabajamos bajo mínimos, esto nos obliga a hacer un sobreesfuerzo, teniendo que trabajar al 200%, y esto genera gran estrés. Yo misma sufrí un amago de infarto en 2017. Trabajo de noche y suelo estar sóla para atender a 33 residentes, y todo recae sobre ti.

No es solo el esfuerzo físico, que también, las muñecas, la columna… Tengo compañeras de baja por estrés, por problemas músculo-esqueléticos, de ansiedad. Además, nos sancionan por no hacer nuestro trabajo como ellos creen que tenemos que hacerlo y eso genera más estrés. Siempre estás con el miedo encima. Otro asunto es el papel de las mutuas, que siempre niegan que los problemas de la salud sean derivados del trabajo.

¿Y cómo hacéis frente a estas situaciones?

Es una pelea continua contra la empresa. Nos pasamos la vida exigiendo que funcionen las grúas, los carros calientes, que se sustituya a la gente que cae de baja, las horas sindicales o las excedencias, si no, no se puede sacar el trabajo adelante. Hay mucho miedo, somos todas mujeres, hay mucha trabajadora emigrante, que tiene que pagar un alquilera de 800 euros con nuestros sueldos de 1.100, con contratos del 50 o el 33% de la jornada, que son los más habituales en Abeletxe. Se trabaja con la espada de Damocles encima de la cabeza. Además, el material está en malas condiciones. Tenemos 4 grúas y no funciona ninguna. La empresa siempre nos está racaneando con el material, ya que compran el más barato y el de peor calidad.

¿Todavía queda mucho por hacer en el ámbito laboral?

Sí. A una compañera le denegaron la baja estando embarazada de 23 semanas, y eso en nuestro trabajo, que es eminentemente físico. Otra compañera perdió un feto de 7 meses cuando un carro de cocina la golpeó en la tripa. Por ejemplo, en el curso de salud laboral del sindicato nos explicaron cómo levantar desde el suelo una caja de 40 kilos, pero yo quiero que alguien me explique cómo trasladar a un anciano que puede llegar a pesar 100 kilos. El planteamiento está centrado en la industria, en sectores en los que mayoritariamente trabajan hombres.

¿Crees que en las políticas públicas y privadas de prevención de riesgos laborales falta la perspectiva de género?

Totalmente, ya que hasta ahora hemos sido invisibles. Yo tengo la menopausia, que me da descalcificación en los huesos y otros síntomas. Y nadie ha pensado en eso. A mí me dicen que tengo que trabajar hasta los 67 años y 4 meses, ¿tú crees que yo puedo estar trabajando hasta esa edad teniendo los huesos como tengo? ¿Se ha hecho alguna valoración sobre eso? La ley de riesgos laborales está hecha para el metal y para hombres, no para otros muchos sectores feminizados y para mujeres. En el caso del acoso sexual, no tenemos mecanismos de protección ante posibles situaciones de acoso por parte de los residentes. Hay que empezar a pensar también en las mujeres* y en sectores feminizados.

En 10 años, las enfermedades profesionales de las mujeres* han aumentado un 44%, y eso sólo las reconocidas, ya que sabemos que en realidad son muchas más. Además de las consecuencias físicas, ¿existen riesgos psicosociales?

En Abeletxe, los riesgos psicosociales son causa del 40% de las bajas, y las bajas de más larga duración son debidas a este tipo de riesgos. Tengo una compañera que se iba a casa con la sensación de un trabajo mal hecho, y eso la superaba. Las instituciones maltratan a residentes y trabajadoras, y este maltrato puede darse de muchas formas, por ejemplo, cuando decimos a una o un residente que todavía no puede ir al baño porque no podemos llevarlo por la carga de trabajo que tenemos.

Además, la mayoría de las tareas de cuidado recae sobre las mujeres*, creando dobles y triples jornadas. Esto conlleva efectos negativos en nuestro bienestar, en los cuerpos y en la salud.

Tenemos una doble tarea. Aunque hoy en día todo haya mejorado un poquito, generalmente las mujeres* también llevamos el hogar. Yo voy al trabajo intentando dejar en la puerta los problemas de casa, porque si entro con todo, es mucho sopapo. Y cuando salgo de la residencia, intengo ir a casa dejando lo del trabajo en el trabajo. Es un doble trabajo que te tiene totalmente estresada. Tenemos que estar todo el tiempo dando el 200%, ¿y cuánto se puede mantener dando el 200%? Todo ello a costa de nuestra salud. Antes trabajaba mañana y tarde y tuve que pasarme a las noches para que el trabajo fuera menos estresante para mí. Como trabajamos con personas, nos llevamos el trabajo a casa y nuestros errores pueden causarles una mala caída o un mal golpe.

¿Qué es lo que reivindicáis ante esta situación?

Las mujeres* no existimos en materia de salud laboral. Las evaluaciones de riesgos deberían actualizarse teniendo en cuenta también las enfermedades de las mujeres*. En sectores como el nuestro, no hay ningún listado de enfemedades laborales reconocidas, es más, vas a a la mutua y te dicen que has nacido con artrosis. Y preguntas si eso no será a causa del trabajo. Tenemos que hacernos visibles. Deben actualizarse los criterios para hacer las evaluaciones de riesgos teniendo en cuenta los trabajos que normalmente tenemos las mujeres: de cara al público, de cuidados…

La sociedad está empezando a vernos. En Abeletxe hay tres trabajadores y 121 trabajadoras, y su vestuario es casi más grande que el nuestro. Las mujeres* trabajadoras tenemos que ser más visibles y hay que tener en cuenta las diferentes situaciones generadas por la edad de las mujeres, como la menopausia. No se nos tiene en cuenta, por ejemplo, la mascarilla se ha retirado de todos los centros de trabajo, pero nosotras seguimos trabajando con ella.