2026-06-24
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La industria basada en los intereses de las multinacionales y del sector armamentístico está condenada a la pérdida de empleo y al aumento de la precarización

El empleo en industria, especialmente en el sector metalúrgico, ha disminuido de forma evidente en los últimos años. Frente a ello, desde LAB adviertimos de que el debate sobre la industria se está planteando en los términos equivocados, y defiende una política industrial que garantice un empleo dignos, control público y futuro social y ecológico.

Lo que está en cuestión es hacia qué tipo de modelo industrial va a dirigirse Euskal Herria y en beneficio de quién se va a desarrollar la política industrial. Lanzamos una clara advertencia al respecto: el debate sobre la industria se está llevando a un planteamiento erróneo. En una comparecencia llevada a cabo en Bilbo, hemos señalado que, hoy por hoy, la transformación de la industria se desarrolla en función de los intereses de las multinacionales, en vez de con el objetivo de crear empleo digno y responder a la transición ecosocial.

Kris Gete, responsable de la Federación de Industria de LAB, ha expuesto resumidamente las consecuencias que ello trae: “Las plantillas se reducen y el empleo industrial cae, las subvenciones públicas no generan el beneficio social necesario, se debilita la inversión productiva, empeoran las condiciones laborales y aumenta la precariedad. Mientras tanto, los beneficios de muchas empresas continúan creciendo”.

Gorka Vidal, economista de LAB, ha hecho una fotografía más detallada, mostrando la evolución del empleo en el sector industrial y la situación actual de las condiciones laborales. Según los datos procedentes de la Seguridad Social, el número de empresas dadas de alta en el sector industrial en Hego Euskal Herria ha descendido considerablemente: el pasado diciembre fueron 2.508 menos que en 2011; 8.551 en total. La cantidad de empresas ha disminuido en los sectores de productos metálicos, mobiliario y maquinaria y fabricación de equipos, entre otros, y en total hay 1.407 empresas menos en los subsectores relacionados con el metal. El declive más evidente se da en la metalurgia: hay 164 empresas menos que en 2011 de fabricación de productos de hierro, acero y ferroaleación, y hay 4.577 personas menos trabajando en el subsector.

Vidal ha explicado que subsectores que hasta ahora han tenido un gran peso están perdiendo fuerza y, por el contrario, otros se están reforzando, como puede ser el sector de la industria de alimentación (4.707 trabajadores y trabajadoras más desde 2011), el de fabricación de productos farmacéuticos (1.750 trabajadores y trabajadoras más) y la fabricación de vehículos a motor, remolques y semiremolques (2.191 trabajadores y trabajadoras más, aunque haya 60 empresas menos). El economista ha puntualizado que la calidad del empleo de estos sectores es más bajo que en los sectores que se están debilitando.

Poniendo el foco en datos más cercanos, en los subsectores que ofrecían un mejor empleo, como en la fabricación de otros componentes, piezas y accesorios para vehículos de motor; de electrodomésticos; de caucho sintético en sus formas primarias y en la fundición, el número de empleos se ha reducido en 2.603 desde enero de 2022. Ejemplo de ello son las siguientes empresas: Mecaner, Sunsundegui, BSH…

Vidal ha explicado que el empleo en industria ha disminuido y que el tejido industrial se está debilitando. Ha advertido de que muchas empresas reciben ayudas públicas pero no las destinan a la estabilización del empleo y el arraigo de la industria, y que las multinacionales no muestran compromiso con el territorio. Al contrario, priorizan la rentabilidad. “No hay condicionamientos que garanticen el retorno social”, denuncia Vidal.

Además, ha explicado que la pérdida de empleo en industria y el deterioro de las condiciones laborales están estrechamente ligados: “El empleo precario sustituye cada vez más al empleo estable”. Ello conlleva, según Vidal, una “fuga de talentos”: “Si la industria no ofrece condiciones laborales dignas y estables serán cada vez más los y las jóvenes profesionales cualificadas que acudan a otros sectores o territorios, aumentando así el riesgo de que la industria pierda su capital social, que es clave para su futuro”.

La industria armamentística, un flotador pinchado

Vidal ha querido denunciar que en el contexto de hoy en día se promueva la industria armamentística como oportunidad para reforzar el segundo sector, y que se haga además “de forma muy opaca y por la puerta de atrás”. El flotador de un sector que se tambalea no puede ser la industria, militar, expresa Vidal: “No se puede hacer negocio con el genocidio; no se puede hacer negocio con las guerras”.

El flotador también está agujereado desde el punto de vista del empleo, ha advertido Vidal, ya que las empresas que destinan su actividad a la industria civil están empezando a transicionar a la industria militar por medio de ayudas públicas. El economista cree que esos fondos públicos pueden servir de herramienta para la transformación ecosocial, lo cual, además de garantizar la participación de los y las trabajadoras y la propiedad pública, propiciaría la creación de empleo en sectores que serán estratégicos.

Kris Gete ha expresado que los datos presentados por Vidal no hacen más que confirmar lo que LAB denuncia desde el principio; es decir, que el debate sobre la industria se está planteando de manera errónea.

La responsable de la Federación de Industria ha afirmado de manera clara que “Euskal Herria necesita industria”. Sin embargo, lo que está en juego es el modelo industrial, según ha puntualizado: “Necesitamos una industria que garantice un empleo digno, control público y un futuro social y ecológico”. Defiende que para ello hace falta planificar el futuro del sector “basándose en el empleo digno, en las necesidades del territorio y en la transición ecosocial, y no según los intereses de la industria armamentística y de las multinacionales”.

Gete ha querido destacar cuatro condiciones a cumplir para una política industrial alternativa: “planificar la transición industrial, condicionar las ayudas económicas públicas, aumentar la participación de las trabajadoras y los trabajadores y garantizar en empleo, la reindustrialización y la transición justa.

Por todo lo anterior, Gete ha destacado la necesidad de desarrollar una política industrial para la transición ecosocial. Las bases de la propuesta de LAB a este respecto se detallan a continuación:

  1. Planificar la transición industrial La transición ecológica de los principales sectores industriales ha de llevarse a cabo de forma planificada y justa, reduciendo las emisiones y el consumo de recursos y sin provocar grandes perjuicios al empleo. El futuro de miles de personas trabajadoras no puede dejarse únicamente en manos de los consejos de administración o de fondos buitre. Por ello, haCe falta una transición industrial planificada, que cuente con la participación de los trabajadores y trabajadoras y que tenga por objetivo proteger el empleo y reducir las emisiones. A su vez, necesitamos una mayor intervención pública en las decisiones estratégicas y que los sindicatos puedan participar de manera real y vinculante.
  2. Condicionar el dinero público
    Las empresas que obtengan ayudas públicas deben cumplir condiciones estrictas. No pueden realizar despidos, deslocalizar empresas o repartir grandes dividendos mientras perciban dinero pñublico. No es aceptable que las empresas perciban ayudas públicas y después destruyan empleo o prioricen el beneficio privado.

    Por ello, las empresas deben asumir compromisos claros: conservar el empleo, recharzar las deslocalizaciones y garantizar inversiones productivas.
    El dinero público debe servir para proteger el empleo y el futuro de la industria, no para financiar ganancias privadas.
  1. Aumentar la participación de los y las trabajadoras
    Es fundamental obtener mecanismos para la participación de la clase trabajadora. El personal cuyo puesto de trabajo se vea afectado por la transición ecológica debe tener la capacidad de debatir y decidir sobre la dirección que deben tomar dichos cambios en la producción. Los planes de descarbonización, las inversiones y las estrategias de industria no pueden estar solamente en manos de las direcciones de empresa.
  2. Empleo, reindustrialización y transición justa Toda transición industrial debe garantizar los derechos laborales y el empleo digno, lo cual quiere decir que hay que hablar de reindustrialización, de reparto del trabajo, de reducción de jornada, de arraigo de las empresas, de cualificación y de renovación de de la formación profesional. La transformación industrial no puede dejar a miles de trabajadores y trabajadoras abandonadas. Es por ello que LAB defiende los mecanismos de reindustrialización y herramientas legales más efectivas contra las deslocalizaciones. Una transición justa implica la transformación de la industria sin dejar a nadie atrás.

Para asegurar esa transición ecosocial justa es necesario crear mecanismos eficaces que protejan, recalifiquen y repartan el empleo con la participación de sindicatos e instituciones públicas y por medio de estructuras vinculantes para controlar las decisiones empresariales. En ese sentido, desde LAB proponemos las siguientes medidas: reducir la jornada, garantizar la formación y la recualificación, crear mecanismos obligatorios de reindustrialización y endurecer las leyes contra las deslocalizaciones.

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