25 de noviembre, día de denuncia de la violencia contra las mujeres. LAB quiere llevar su mensaje a todos los lugares de Euskal Herria y especialmente a los centros de trabajo, a todas las personas trabajadoras, para que, con firmeza, hagamos frente a la violencia sexista hasta conseguir que desaparezca.

La violencia sexista tiene origen en las relaciones jerárquicas de poder entre hombres y mujeres, y se sustenta en todas las situaciones de discriminación que genera esta sociedad patriarcal.

Quieren hacernos identificar la violencia sexista con aquellos actos de violencia física, violencia psicológica y violencia sexual. Sin embargo, cuando hablamos de violencia contra las mujeres nos referimos a:

– Un tipo de violencia estructural, barreras que impiden el acceso de las mujeres a los derechos básicos, como son, la negación de la información y las relaciones de poder que las mantienen subordinadas.

– Violencia política o institucional, que se manifiesta cuando las instituciones no desarrollan políticas de igualdad de oportunidades o las desarrollan de forma insuficiente, cuando no se implementan programas de prevención de la violencia, cuando se permite y/o no se protege a las mujeres que la sufren, etc.

– Violencia social, aquélla que atribuye un menor valor a la posición social de las mujeres a través de acciones que desvalorizan su imagen, les adjudican estereotipos de género que condicionan su posición social o les niegan la identidad y el valor personal.

– Violencia económica, desigualdad en el acceso a los recursos económicos y las propiedades compartidas, generar dependencia económica, impedir su acceso a un puesto de trabajo, cobrar menor salario por la realización del mismo trabajo, etc.

Violencias que sufrimos las mujeres en todos los ámbitos de nuestra vida.

En este contexto de crisis actual, las condiciones de trabajo están empeorando para toda la clase trabajadora en general y para las mujeres en particular. Así, no podemos dejar de denunciar que todas las medidas y recortes que se vienen aprobando desde Madrid y París no hacen sino empeorar la situación de discriminación de las mujeres y por lo tanto, la problemática de la violencia sexista.

Es cierto que las manifestaciones más crueles de violencia sexista en el ámbito laboral suelen ser el acoso sexual y el acoso por razón de sexo, situaciones que siguen estando invisibilizadas. Desde LAB tenemos un compromiso claro para luchar en contra de ellas por medio de la denuncia, y sobre todo, la prevención, para que éstas situaciones no se reproduzcan, implantando protocolos de actuación y prevención en las empresas.

Ahora bien, la crisis de cuidados, la precariedad, la destrucción de empleo y la pobreza y exclusión social a la que están abocadas muchas mujeres también son manifestaciones de violencia sexista.

Luchar contra la violencia sexista nos obliga a hacer frente a todas estas situaciones. Para ello es necesario reivindicar un nuevo modelo económico y social, un modelo de desarrollo que garantice la igualdad entre hombres y mujeres en el reparto del trabajo y acceso al empleo. Un nuevo modelo que supere los elementos de dominación de clase y las estructuras del sistema patriarcal; que sitúe en el centro la satisfacción de las necesidades humanas y elimine la división sexual del trabajo. Un modelo encaminado a transformar la sociedad y superar la discriminación y opresión por razón de clase, raza o sexo- género.

PATRIARKATUA SALATU, BORROKATU, GARAITU