Más de lo mismo. Ambos proyectos vienen a consolidar el carácter estructural de los ajustes aplicados en ejercicios anteriores, que han supuesto fuertes recortes en áreas de gasto social tan esenciales como son la salud y la educación, y que han dejado sin protección social a miles de personas.

El gobierno de Iñigo Urkullu aprobó ayer el proyecto de presupuesto de la CAV para 2015. Mientras tanto, la consejera de Economía y Hacienda del gobierno navarro, Lourdes Goicoechea, presentaba el proyecto presupuestario de UPN en el Consejo Económico y Social, un mero trámite formal antes de ser enviado al parlamento foral.

Ambos proyectos prevén un nivel de gasto similar al del año en curso una vez descontado el servicio de la deuda (intereses y amortización); por lo tanto, estos presupuestos vienen a consolidar el carácter estructural de los ajustes aplicados en ejercicios anteriores, que han supuesto fuertes recortes en áreas de gasto social tan esenciales como son la salud y la educación, y que han dejado sin protección social a miles de personas.

En el caso de la Comunidad Foral las cuentas públicas están predestinadas a ser rechazadas unánimemente por la oposición. Sin embargo, ello no parece preocupar al gobierno que ya trabaja con una nueva prórroga presupuestaria como primera opción.

Y en la CAV el ejecutivo jeltzale se decanta por dar continuidad al pacto de estabilidad institucional suscrito el año pasado con el PSE, como fórmula para gestionar cómodamente el actual marco jurídico-político.

En cualquier caso, estos presupuestos están condicionados por tres factores:

• La insuficiencia recaudatoria derivada de la voluntad política que consiente una escasa progresividad fiscal y un injusto reparto de las cargas tributarias, y que persiste en conceder un tratamiento privilegiado a las rentas de capital y a los beneficios empresariales.
• El incremento de la carga financiera asociada al pago de los intereses y la amortización de deuda.
• El cumplimiento de la normativa de estabilidad presupuestaria, que ha convertido el objetivo de déficit en la prioridad absoluta y en 2015 se reduce del 1% al 0,7% del PIB.

En estas circunstancias destaca la incongruencia del PNV cuando exige al gobierno central que practique la “insumisión presupuestaria” y abandone la política de austeridad, mientras que en Gasteiz se convierte en el máximo defensor y garante del objetivo de déficit.

Por otro lado, no podemos perder de vista el recurso del Estado por el IVA de Volkswagen, que supone una espada de Damocles cuyo desenlace podría tener gravísimas consecuencias sobre el presupuesto de Nafarroa, además de poder ser utilizada para chantajear a la población navarra ante la posibilidad abierta de cambio político y social.

Más de lo mismo, unos presupuestos que no cambian en lo esencial las politicas de austeridad para dar continuidad a las políticas de austeridad. Clama la falta de ambición en la elaboración de los presupuestos, un acto que se ha convertido más en un ritual anual que en un proceso de planificación económica dirigida a garantizar las necesidades de la población y contribuir a la recuperación económica y empleo.