Según la EPA correspondiente al segundo trimestre, en el conjunto de Hego Euskal Herria hay un total de 1.159.300 personas ocupadas, una cifra ligeramente inferior a la del trimestre anterior. Esto significa que el aumento de la ocupación registrado en Bizkaia y Gipuzkoa entre los meses de abril y junio, no ha sido suficiente para compensar los empleos destruidos en Araba y Nafarroa.

Por lo tanto, el descenso del desempleo en este segundo trimestre más que una buena noticia, es motivo de preocupación, ya que se debe exclusivamente a la disminución de la población activa, y no a la creación de empleo neto.

Esta evolución de la población activa en realidad está enmascarando un incremento del paro desanimado, un claro síntoma del deterioro de las expectativas de encontrar trabajo. Esta situación empuja a abandonar la búsqueda activa de empleo, y de ahí la aparente disminución del paro.

Por lo demás, la precariedad y el subempleo continúan siendo los rasgos más característicos del panorama laboral. Una de cada cuatro personas asalariadas tiene un empleo temporal; y más del 60% de las personas que desempeñan un trabajo a jornada parcial lo hacen de forma involuntaria, debido a la imposibilidad de encontrar empleo a tiempo completo.

Por consiguiente, además 168.300 personas desempleadas, en Hego Euskal Herria hay otras 123.400 subocupadas.
Tras décadas de progresiva desregulación laboral, el actual modelo de relaciones laborales no parece ofrecer más que dos opciones: acceder temporalmente a un empleo precario y mal pagado, o permanecer en situación de paro por tiempo indefinido.

En este sentido, debemos denunciar que los poderes públicos se muestran insensibles ante la situación de crisis y emergencia social, y no están dispuestos a dar una respuesta aceptable y justa a la misma.

En lugar de situar en el centro de su acción de gobierno la atención de las necesidades de la mayoría social que constituye la clase trabajadora, han optado por aumentar la competitividad a cualquier precio y a golpe de reformas, provocando la extensión de la precariedad, el recorte de derechos laborales, y la devaluación de la mano de obra vía rebajas salariales.

Esta estrategia supone huir hacia adelante y obstinarse en perpetuar un modelo económico frágil y abocado al fracaso, ya que nos conduce a un creciente empobrecimiento y al aumento de las desigualdades sociales.

En efecto, el tándem PP-PSOE ha demostrado ser un eficaz brazo ejecutor de esta política antisocial al servicio de los poderes económicos. Lamentablemente, todo indica que está alianza se estrechará de cara a la formación del próximo gobierno; una circunstancia que nos obliga a reforzar la capacidad de respuesta sindical frente a las nuevas amenazas que nos acechan.