Una vez más, el imperialismo vuelve a señalar a Cuba como objetivo de su hostilidad permanente. Ahora con un bloqueo total del suministro petrolero a la Isla.
No se trata de hechos aislados ni de coyunturas pasajeras: las amenazas actuales contra la soberanía cubana son la continuación de una política histórica de asfixia económica, agresión diplomática, guerra mediática y desestabilización política, cuyo objetivo es castigar a un pueblo por haber decidido un camino propio.
El bloqueo económico, comercial y financiero —ilegal y condenado año tras año por la abrumadora mayoría de la comunidad internacional— sigue siendo el principal instrumento de esta agresión. Sus efectos son deliberados: limitar el acceso a alimentos, medicamentos, energía, financiamiento y desarrollo tecnológico, afectando directamente la vida cotidiana del pueblo cubano. No es una “sanción”, es una forma de guerra económica que atenta contra el acceso a cualquier suministro básico para el pueblo cubano.
A esto se suman campañas de intoxicación mentiras y desinformación, intentos de aislamiento internacional, chantajes sobre terceros países y el uso cínico del discurso de los derechos humanos como pretexto para justificar políticas coercitivas. Quienes hoy se erigen como jueces de Cuba son, en muchos casos, responsables de guerras, saqueo de recursos, golpes de Estado y violaciones sistemáticas de los derechos más básicos en todo el Sur Global.
Denunciamos estas amenazas imperialistas porque atentan no solo contra Cuba, sino contra la soberanía del pueblo cubano y el propio Derecho Internacional. Defender a Cuba es defender el derecho de cualquier nación a decidir su futuro sin injerencias externas, sin chantajes económicos y sin tutelajes coloniales.
Como internacionalistas, afirmamos nuestra solidaridad activa con el pueblo cubano, con su resistencia y con su dignidad. Exigimos el levantamiento inmediato del bloqueo, el fin de las políticas de agresión y el respeto pleno a la soberanía de Cuba. Y hacemos un llamamiento a la Comunidad Internacional, para que no permita semejante imposición, ya que la misma también afecta a todos los estados soberanos que deseen comerciar con Cuba.
Frente al imperialismo y sus amenazas, reafirmamos una convicción clara: Cuba no está sola. El castigo colectivo contra su pueblo debe acabar.

