Hoy ha quedado claro que no ha habido ningún acuerdo en el ERE de Tubos Reunidos. Tanto quienes defendíamos que el periodo de consultas había finalizado el lunes sin acuerdo como quienes apostaban por una prórroga han confirmado finalmente que no existe ningún tipo de firma. El ERE va adelante sin acuerdo.
En una jornada en la que estaban en juego 301 puestos de trabajo, el cierre de la acería de Amurrio y la externalización de la logística, la plantilla ha demostrado dignidad, coherencia y firmeza. Hoy ha ganado la dignidad frente al chantaje, la amenaza y el miedo, ha ganado la coherencia frente al posibilismo, ha ganado la conciencia colectiva frente a los intentos de división.
Gran parte de la plantilla ha demostrado estar a la altura de la gravedad del momento. Frente a una dirección que ha impuesto un ERE de 301 despidos y un plan que supone la destrucción de empleo y el cierre de una instalación estratégica, la respuesta ha sido clara, no aceptar como inevitable lo que no tiene justificación.
Desde el primer momento, la empresa ha intentado imponer su hoja de ruta sin abrir un debate real sobre alternativas industriales. Ha presentado un plan que no responde a las preguntas fundamentales sobre el futuro de la actividad y que no garantiza lo que promete. Y ahora, lejos de rectificar, mantiene su decisión de cerrar la acería, despedir a decenas de trabajadores y trabajadoras y precarizar aún más el futuro industrial.
En este contexto, el papel de las instituciones resulta especialmente preocupante. No pueden situarse al margen de una decisión que afecta a cientos de familias y al futuro industrial de la comarca. La defensa del empleo no puede quedarse en declaraciones formales.
Especialmente graves resultan las declaraciones realizadas hoy por el consejero de Industria del Gobierno de Lakua, Mikel Jauregi, afirmando que «a ver quién es el valiente» que invierte en Tubos Reunidos. En un día como hoy, este tipo de mensajes son profundamente irresponsables. En lugar de generar condiciones para atraer inversión y garantizar el futuro industrial, se lanza un mensaje que desincentiva cualquier posible iniciativa y alimenta la incertidumbre.
Las instituciones no pueden limitarse a constatar dificultades o a señalar obstáculos. Su responsabilidad es activar todos los mecanismos a su alcance para defender el empleo, facilitar soluciones industriales y exigir compromisos reales a la dirección de la empresa. La industria no se protege con declaraciones resignadas, sino con políticas activas y con implicación directa.
Hoy, sin acuerdo y con un conflicto abierto, la situación es clara, existe una huelga indefinida convocada y el conflicto continúa. No se ha resuelto nada. El ERE sigue siendo una amenaza real para la plantilla y para el futuro industrial.
Por eso, ahora más que nunca, toca seguir luchando. Toca reforzar la organización, la unidad y la movilización. Toca señalar responsabilidades, exigir implicación institucional y defender con firmeza el mantenimiento de la acería, todos los puestos de trabajo, también los de las personas eventuale, y el futuro industrial de las plantas.
Porque frente al chantaje y la imposición solo hay un camino, la lucha colectiva.
Porque frente al miedo y la división, la dignidad.

