Atzo, azaroak 20, eta urtero moduan, gogora ekarri zituzten Bilbon duela 29 eta 24 urte, hurrenez-hurren, erahildako Santi Brouard y Josu Muguruza politikari abertzaleak. Militante, lagun eta familiak lore eskaintza egin zuten bai Muguruzaren eta bai Brouarden omenez jarritako bi monolitoen aurrean.

«UN CRIMEN DE ESTADO»
(Iraultzen. 154 alea)

EL 20 DE NOVIEMBRE ES UNA FECHA BAÑADA DE SANGRE. ESE DÍA, EN EL AÑO 1984, EL NOVENO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE FRANCO, SANTI BROUARD ERA ABATIDO POR LAS BALAS DE DOS MERCENARIOS EN SU CONSULTA DE BILBO.

5 años más tarde, unos encapuchados dispararon contra Josu
Muguruza y otros compañeros en el Hotel Alcalá la víspera de la toma de posesión de su cargo de diputado en el Congreso español. Santi y Josu hicieron de sus vidas un ejemplo de entrega y dedicación, trabajaron y lucharon a favor de la independencia y el socialismo y militaron por el diálogo y la resolución del conflicto. Esas fueron las razones por las que alguien decidió acabar con sus vidas.

Santi Brouard nació en Lekeitio en el año 1919. Estudió medicina en la Universidad de Valladolid y tras terminar la carrera regresó a Bilbao para especializarse en pediatría. El compromiso cultural y político marcó su vida. En 1975, su militancia le obligó a tomar el camino del exilio y se refugió en Ipar Euskal Herria. Al otro lado del Bidasoa multiplicó su compromiso político, fue uno de los cofundadores de EHAS y de HASI. Su dedicación le llevo a vivir en primera línea momentos como el nacimiento de KAS, Herri Batasuna, la lucha contra la central nuclear de Lemoiz, la protesta ante el rey de España en la casa de juntas de Gernika o las reuniones de Txiberta.

Eran las seis de la tarde del 20 de noviembre de 1984 cuando dos mercenarios disfrazados entraron en su consulta y acabaron con la vida de una de las personas más carismáticas del independentismo vasco. La ciudadanía salió a la calle y una de las mayores huelgas generales paralizó Euskal Herria.

Tras su muerte empezó un proceso largo, caótico y lleno de obstáculos. Los jueces rehuían el caso que pasaba de mano en mano y la policía hizo desaparecer un supuesto informe que implicaba a los servicios de inteligencia españoles. La justicia no ha hecho todo lo que estaba en sus manos para esclarecer el caso y veinticinco años después los verdaderos culpables todavía no se han sentado en el banquillo de los acusados. Santi fue asesinado para sabotear cualquier línea de diálogo y negociación, para cerrar cualquier posibilidad de solución al conflicto. Fue un crimen de Estado, impulsado y dirigido por sus aparatos, pero ni entonces consiguieron ni conseguirán ahora que Euskal Herria ponga toda su determinación en la consecución de un escenario democrático y un verdadero cambio político.

 

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