Joxean Urkiola.- Miembro de la Comisión Socioeconómica de LAB

Cada vez es más común escuchar a responsables políticos de casi todos los colores (PP-PSOE-PNV) que ya ha comenzado la senda de la recuperación. Antes también nos dijeron que veían «brotes verdes» y todos sabemos lo que ocurrió. La realidad, el día a día de miles de personas, parados y paradas, jóvenes, jubilados, autónomos… sin embargo, es bien distinta. Son ellos los que están sufriendo en sus propias carnes las consecuencias de la crisis que seguimos padeciendo y no ven la cacareada recuperación.

Hace pocas fechas economistas de una famosa entidad financiera decían que la economía vasca va a tener una «aceleración», que preven un incremento del PIB del 2,7% y 3% para este y el próximo año. Eso lo decían desde un banco que en el primer semestre de 2015 ha ganado 2.759 millones de euros y 2.618 millones de euros en 2014. Sí, ellos se han forrado antes y durante la «crisis» y lo siguen haciendo ahora.

La realidad, como decía, es bien distinta para las personas en paro, las y los desahuciados, los jóvenes, autónomos y pensionistas que siguen pasándolas canutas. Que en Euskal Herria el paro sea inferior al del Estado no puede servirnos de consuelo.

Son más de 219.000 las personas que en Euskal Herria no tienen empleo. Esto supone dramas personales y familiares que no se resuelven con bonitos discursos de recuperación. La pobreza aumenta en nuestros pueblos y ciudades mientras algunos partidos políticos se preocupan más de los bancos, de los ricos –a quienes anuncian que les quitarán el impuesto correspondiente– que de las personas más necesitadas.

La sociedad vasca tiene todavía un reto importante. No podemos ni debemos conformarnos con escuchar cantos de sirena esperando que «los de siempre» quieran rectificar y cambiar el modelo social que tan bien les mantiene a ellos, porque no lo van a hacer.

Nos quieren convencer de que el empleo que se crea es suficiente aunque sea precario y de que si no se llega a fin de mes a pesar de tener empleo no es de su responsabilidad, mejor dicho de su irresponsabilidad y avaricia. Tampoco parece importales que los sueldos sean míseros. La patronal es insaciable y quieren siempre más. Todo ello a costa de la clase trabajadora, de miles de parados y paradas y pensionistas a quienes no dudan en recortar derechos.

Son ellos quienes no quieren cambiar el empleo precario por empleo digno, salarios de miseria por un sueldo que nos permita llegar a fin de mes, y menos aún cambiar el fraude por la justicia social y la transparencia. Son «los de siempre» con sus viejas políticas.

Hoy, digan lo que digan esos economistas y políticos, la inmensa mayoría de la contratación es precaria, el fraude es pan nuestro de cada día. Que los bancos ganen aún más de lo que ganaban ya en la crisis no es síntoma de recuperación, sino la evidencia de lo que algunos quieren perpetuar, un sistema al servicio de «los de siempre» a costa de que la clase trabajadora continúe siendo la pagana de la situación y vea, en sus carnes, cómo pierde derechos que costaron años conquistar.

Frente a ello es más necesaria que nunca la activación social, que las personas y sus necesidades estén al frente de las reivindicaciones y apostemos por el cambio social, en aspectos económicos, políticos y sociales.

Debemos llevar de la calle a las instituciones, a los centros de trabajo las reivindicaciones de todos los colectivos, puesto que no habrá recuperación económica si quienes están sufriendo lo siguen haciendo, si quienes están en paro no encuentran empleo, si se perpetúa la precariedad en lugar de empleo digno, si no respetan nuestros derechos.

El PIB puede subir, pero si lo hace a costa de mantener un modelo social antidemocrático, injusto y precario, sabemos quiénes van a ser los únicos beneficiados, los de siempre.

Es hora de avanzar hacia un modelo económico y social que tenga a las personas como referentes y a quienes se les debe garantizar sus condiciones de vida, de trabajo, así como un reparto justo de la riqueza.

En Euskal Herria eso es posible si conseguimos poner en marcha a esa mayoría social y política que defiende una sociedad más libre y justa. Hay mimbres más que suficientes para ello, pero tenemos que recorrer el camino entre las y los que apostamos por ese cambio.

Tenemos muchos retos y es necesario que nos pongamos en marcha, que nos activemos, y frente a los cantos de sirena de la recuperación hagamos valer la fuerza de la mayoría.