3 de Marzo: hemos mantenido viva la llama de la lucha… ¡y seguimos adelante!


Igor Chillon: Gasteiz-Lautada-Errioxako LABeko arduraduna

En Gasteiz y toda Araba el 3 de marzo ha marcado a todas las generaciones. Hoy en día, también se ha convertido en un día señalado para todo el movimiento de trabajadores y trabajadoras de Euskal Herria. Han pasado 50 años desde entonces, pero en muchas ocasiones, se necesita conocer bien lo ocurrido en el pasado para comprender la situación actual y mirar al futuro.

Precisamente, la huella dejada por los sucesos del 3 de marzo no se puede entender sin recordar lo vivido en aquellos tiempos. En Gasteiz y en toda Araba, el ambiente entre las y los trabajadores estaba al rojo vivo, en los últimos meses en los que Franco estaba con vida, las huelgas habían comenzado y el ambiente de lucha se iba extendiendo. Tras la muerte de Franco, viendo que el sindicato vertical no respondía a las necesidades de las y los trabajadores, éstos y éstas comenzaron a organizarse en asambleas. En los dos primeros meses de 1976 el movimiento de trabajadores y trabajadoras se fue fortaleciendo, se realizaron asambleas de trabajadores y trabajadoras multitudinarias, se llevaron a cabo huelgas en varias empresas y las primeras huelgas conjuntas. Exigían trabajos y vidas dignas, pero también derechos y libertades. En esa dirección, para el 3 de marzo estaba convocada una huelga general y se preveía que iba a tener un gran seguimiento.

Ante la fuerza que estaba tomando el movimiento de trabajadoras y trabajadoras, el Estado tomó la decisión de pararlo costara lo que costara: desde diferentes provincias enviaron a Gasteiz a numerosos policías, tenían tomada la ciudad y la orden de disolver toda concentración de trabajadoras y trabajadores. Así las cosas, aquel día, desde primera hora de la mañana comenzaron los golpes, cargas y primeros disparos de la policía (dato bastante desconocido: una de las primeras personas heridas de bala fue una trabajadora de hogar que estaba trabajando). La Asamblea estaba convocada para las 17:00 horas en la iglesia de San Francisco. Había miles de personas dentro y aún más fuera. Los policías arrojaron botes de gas al interior y cuando las y los miembros de la asamblea, respirando con dificultad, salieron, las y los tirotearon y golpearon sin piedad. Quedaron grabadas para siempre las comunicaciones internas entre policías: «Hemos contribuido a la mayor paliza de la historia» y las palabras del Jefe de Policía, «¡Buen servicio!». Buscaban la masacre: en total cinco trabajadores fueron asesinados, decenas resultaron heridos y heridas y cientos golpeados y golpeadas. No solo eso, sino que durante las movilizaciones en protesta por la masacre las fuerzas policiales mataron a tres personas más en Basauri, Tarragona e Italia.

Al rememorar aquellos hechos no podemos dejar de mencionar la implicación y el rol desempeñado por las mujeres*. Muchas de ellas eran huelguistas o estudiantes, participaban en asambleas y promovían la solidaridad desde los mercados con sus bolsas de la compra vacías y, cómo no, durante la huelga hicieron posible la vida en las casas, sacando adelante todos los trabajos ocultos. En las luchas de a partir de entonces estará muy presente la reivindicación de eliminar la brecha entre mujeres* y hombres.

Asimismo, la aportación de las personas migrantes también ha sido innegable. La mayoría de las y los participantes en la lucha de 1976, así como cuatro de los cinco asesinados, pertenecían a familias llegadas de fuera. Muchas y muchos de ellos vivían en barrios como Zaramaga, Adurtza, Ariznabarra o Abetxuko, en humildes casas construidas expresamente para trabajadores y trabajadoras. Estos guetos se convirtieron en barrios obreros y estuvieron en primera línea en aquella lucha y en otras luchas sociales, políticas y culturales, entonces y durante las décadas siguientes.

En cambio, los principales sindicatos de entonces miraban más a sus propios intereses que a las necesidades de las y los trabajadores. Sin embargo LAB, nace y crece como sindicato socio-político con vocación transformadora. Sindicato de clase y contrapoder, y también coherente con ello. Por eso, aunque LAB estuviera recién creada en 1976, sus militantes, que no eran muchos y muchas, lucharon con gran compromiso e ilusión por cambiarlo todo. Por lo tanto, en lugar de buscar los propios intereses del sindicato, las y los miembros de LAB se implicaron en las asambleas, defendiendo la reivindicación «de las Asambleas hacia la Unidad» y reforzando ese movimiento. Participaron activamente y también sufrieron represión y acoso. Llevamos ese espíritu de lucha en nuestras venas, entonces nos hicimos más fuertes con aquella lucha y hemos crecido con cada una de las luchas hasta convertirnos en lo que hoy somos.

Gracias a aquella lucha, en muchas empresas se cumplieron los objetivos que tenía la huelga, vinculados a salarios y jornada, pero lo conseguido ha sido más profundo: nos ha servido para acercarnos un poco más a la utopía. Las y los trabajadores tocaron la libertad con la punta de los dedos, crearon un movimiento obrero totalmente empoderado, autoorganizado y con afán de avanzar. Además, les sirvió para darse cuenta de la importancia de la lucha y la organización. De hecho fue duro, hasta el punto de perder la vida, pero quedó claro que sin luchar y organizarnos no hay nada que hacer, que no vamos a conseguir nada. En cualquier caso, hemos mantenido viva la conciencia de trabajadores y trabadoras, aquella masacre ha quedado grabada en la memoria de las y los trabajadores, así como el significado de la lucha de clases en su crudeza: la dureza de la patronal, pidiendo un «escarmiento» para las y los trabajadores, la decisión del gobierno español en defensa de aquellos empresarios, el uso de las fuerzas policiales para ello… y el papel de algunos sindicatos.

En estos 50 años, han sido cientos las luchas que ha habido en Araba, y en todas ellas ha estado presente de alguna manera el espíritu del 3M. Por unos salarios dignos, por las condiciones laborales, por el empleo, contra la brecha salarial, por nuestro propio marco, contra las discriminaciones, por un sistema de cuidados público-comunitario… Hemos mantenido encendido el fuego de la lucha durante todos estos años. Y aquella lucha, que en su mayor parte exigía sueldos dignos, sigue siendo la principal lucha de hoy. Por eso, como hicimos entonces, también ahora saldremos a la huelga a favor del salario mínimo propio, a defender mejores salarios. Pondremos la fuerza, la experiencia y la solidaridad acumulada durante todos estos años en beneficio de esta lucha, porque como entonces defendemos una reivindicación justa. Como entonces, la conciencia de clase es fundamental: hay que repartir la riqueza, enfrentarnos a patronal y gobiernos para que todos y todas tengamos salarios dignos. Por lo tanto, a partir de ahora también nos toca mantener vivo el espíritu del 3 de Marzo en todas las luchas que tenemos por delante: en los centros de trabajo, en los sectores o en huelgas generales como la del 17 de marzo.