2024-07-14
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LABek Europako TUNE FORO Sindialean parte hartu du herri kontraboterea sortu, eta erresistentziatik ofentsibara pasatzeko estrategia proposatuz

Apirilaren 10 eta 11n Bruselasen parte hartze sozial, sindikal eta instituzionaleko konferentzia burutu da; konferentzia honetan langile klasearentzat berebiziko garrantzia duten gaiak plazaratu dira oso testuinguru berezian, alegia, parerik gabeko erasoaldi kapitalistak jotako europear hauteskundeen atariko testuinguruan.

Konferentzian Europan zehar langileok dugun egoeraz hausnartzeaz gain eraiki beharreko alternatibaz, eta berau eraikitzeko estrategiaz ere hausnartu dute eragile politiko, sozial eta sindikal parte hartzaileek.

Testuinguru honetan LABek erresistentzia eskema gainditzeko beharrizana plazaratuz aurkeztu du bere ponentzia; erresistentzia estrategia gainditu eta kapitalari boterea lehiatzeko herri kontraboterea sortzeko beharrizana ere plazaratu du, boterea lehiatu langileok izan gaitezen politika publikoak erabakiko ditugunak, eta kapitalari boterea lehiatu baita enpresa eremuan ere.

LABek ponentzia hau aurkeztu du, Europan zenbat eta gehiago izan herri kontraboterea sortzen duten herriak, Herrien Europa Soziala eraikitzea are eta egingarriagoa izango delako ustean.

Arantza Sarasola, LABekoZerbitzu Publikoen Federazioko Idazkariaren interbentzioa

LOS GRANDES RETOS DEL SINDICALISMO: PASAR DE LA RESISTENCIA A UNA ESTRATEGIA OFENSIVA, Y LA CONSTRUCCION DE UN CONTRAPODER POPULAR

Introducción: ¿cuáles son las agresiones a las que hay que responder desde un planteamiento ofensivo?

Son ya varios los años en los que, con el montaje, trasfondo y excusa de la crisis, los gobiernos, al servicio de la banca y los diferentes resortes del poder económico y financiero, están adoptando una serie de reformas y medidas con las que pretenden reinventarse una nueva y mejorada versión del capitalismo, versión mejorada en el sentido de más beneficiosa para los intereses del capital.

La crisis ha sido la perfecta coartada que se han montado para adoptar una serie de medidas, una detrás de otra, todas ellas dirigidas a la construcción de una fase de mayor acumulación de riqueza por cada vez menos personas. El objetivo está claro, profundizar en un capitalismo de corte si cabe aún más liberal.

A partir de ahí adoptan e imponen todas esas reformas, tales como establecer vía ley (o vía Constitución como es el caso del Estado español) la obligatoriedad de pagar primeramente la deuda pública antes que ningún otro gasto, medidas de recorte y desmantelamiento progresivo de los servicios públicos con el objetivo de reducirlos a la expresión de política asistencial, reformas laborales para que los sueldos pierdan cada vez más poder adquisitivo y el margen de beneficio empresarial sea aún mayor, y con el objetivo de abaratar y facilitar los despidos.

Respuesta desde Euskal Herria en clave de oposición y resistencia
En Euskal Herria desde la mayoría sindical vasca (espacio de lucha que formamos los sindicatos que reconocemos la existencia de Euskal Herria como nación con derecho a decidir libremente su futuro, sindicatos que actuamos en el ámbito de Euskal Herria, y sindicatos de clase y confrontación) hemos respondido a estas agresiones y a estas pretensiones; hemos respondido en los centros de trabajo y en las calles con movilizaciones de todo tipo y con seis convocatorias de huelga general durante estos últimos tres años.

Todas estas convocatorias y este trabajo de respuesta y resistencia en común entre dichos sindicatos (LAB, ELA, EILAS, ESK) ha sido necesario, porque responder ante las agresiones es una cuestión vital y casi una obligación para la clase trabajadora, por lo tanto, repito ha sido necesario pero sobre todo ha sido un recorrido que necesariamente teníamos que hacer para llegar al estadio de lucha en el que nos encontramos ahora. Un estadio de lucha que trasciende del esquema acción-reacción, que supera el esquema agresión-respuesta y que puede colocar a la clase trabajadora vasca en una posición ofensiva. Y me explico:

A lo largo de estos años en los que hemos protagonizado huelgas y movilizaciones de diferente signo nos hemos dado cuenta de que la gente respondía a las convocatorias, pero que a su vez se estaba gestando una especie de frustración o resignación al ver que pese a ello no se conseguían cambios (ni sustanciales ni meramente cosméticos); menos en el caso de Euskal Herria, donde pese a tener una gran mayoría social y sindical activa y combativa, la capacidad de incidir en los marcos de decisión verdaderos, es decir en los marcos estatales es bastante, por no decir totalmente limitada (cabe aclarar que en Euskal Herria, aunque con la estrecha colaboración de las instituciones gobernadas por la derecha vasca o navarra, la mayor parte de las reformas se han decidido y se han impuesto vía legislación básica desde el Gobierno Español). Así, en Euskal Herria nuestras convocatorias eran secundadas por una gran mayoría pero a su vez la gente reclamaba y nos demandaba también a los sindicatos, alternativas. Así que con todo, este recorrido o estas dinámicas de lucha en clave de resistencia estaban tocando techo, y siendo un recorrido que necesariamente -de cara a la lucha ideológica, de cara a la conformación de un sujeto de lucha, etc etc- teníamos que hacer, marcaba una fase de lucha que ya estaba superada.

Había que pensar en una dinámica de lucha de carácter ofensivo, una estrategia que superara el esquema de respuesta, y que sirviera para impulsar un verdadero cambio político y de modelo social y económico, una dinámica de lucha que convirtiera a todo ese sujeto de clase, ese sujeto de lucha que se estaba conformando convocatoria a convocatoria en el sujeto que impulsara un proceso de verdadera transformación.

Necesidad de articular una estrategia de carácter ofensivo y un contrapoder para hacer factible el cambio político y social
Así es como decidimos acometer la ofensiva, y hacerlo primeramente desde la ofensiva a favor de una cuestión de vital importancia para la clase trabajadora vasca: una ofensiva por el reconocimiento de un sistema de derechos sociales fundamentales desde una perspectiva de país (Euskal Herria) y desde una propuesta de derechos amplia y ambiciosa; no se trata ya sólo de preservar el umbral de derechos sociales insuficiente a todas luces que tenemos hasta la fecha, que nos deviene del sistema de protección social español, y que con la crisis se está convirtiendo cada vez más en puramente asistencial, sino que se trata de conseguir que sea cual sea el sistema económico y social existente, la clase trabajadora vasca en nuestro caso, tenga una serie de derechos sociales básicos total y absolutamente blindados, unos derechos sociales básicos suficientes para garantizar unas condiciones de vida dignas para todas las personas, sin que nadie, absolutamente nadie quede abandonado a su suerte.

Pensamos que eso en el marco jurídico, político y administrativo en el que vivimos y que nos ata obligatoriamente a la legislación y a las políticas definidas en el estado español, eso en un sistema político de democracia meramente representativa donde los lobbys económicos determinan las políticas públicas de los gobiernos, pues bien, pensamos que eso es imposible si no lo hacemos desde un planteamiento de contrapoder, desde una perspectiva de convertir a la clase trabajadora en sujeto de decisión, de lucha y de cambio.

Pensamos que la construcción de un contrapoder popular es fundamental porque con ese sistema de democracia representativa la clase trabajadora no está verdaderamente representada, la clase trabajadora no decide sobre sus recursos, existe una gran disociación entre el perfil de quienes hoy por hoy dirigen nuestras principales instituciones y el sentir de la clase trabajadora, pensamos que no se corresponden en absoluto.

Así es como tomamos la determinación de poner en marcha el proceso de elaboración de la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria.

Entendemos que ha llegado el momento de definir cuáles deben ser nuestros derechos sociales básicos y a partir de ahí, interpelar a nuestras instituciones para hacerlo viable, para materializarlo sin entrar a valorar excusas de tipo ni competenciales ni económicas. Pretendemos obligar a nuestras instituciones a que, sean cuales sean las dificultades jurídicas que se encuentren en el camino, las presiones de cuales sean los lobbys económicos que puedan tener en frente, o sean cuales sean sus propias pretensiones, no tengan otro remedio que materializar las reivindicaciones recogidas en la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria.

La Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria: el proceso constituyente de un contrapoder popular en Euskal Herria
La Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria que estamos elaborando es algo más que un instrumento de lucha, pretende ser todo un proceso primero de definición de los contenidos de la Carta, y una segunda fase de interpelación y movilización para su materialización.

En este momento nos encontramos en la fase de definición de los contenidos de la Carta, una fase tan importante o aún si cabe más importante que la fase de interpelación y movilización. ¿Por qué decimos esto? Porque de lo que se trata es de elaborar una Carta de Derechos Sociales desde la participación de cuanta más gente mejor, se trata de que el propio proceso de debate y definición de cuáles deberían ser nuestros derechos sociales fundamentales sea un proceso verdaderamente participativo. No queremos que sea algo definido por unas estructuras ni sindicales, ni políticas, ni sociales ni institucionales, sino que queremos crear un instrumento definitorio de nuestros derechos como ciudadanas y ciudadanos que salga directamente del imaginario de la gente, queremos que sea el propio pueblo el que con este proceso tome conciencia de la importancia que tiene participar en lo público-colectivo, que tome conciencia de ello, que se convierta en un sujeto político activo y que defienda la Carta como algo directamente suyo. Creemos en la socialización de la reivindicación, en la socialización del hacer colectivo y lo queremos alimentar. No se trata sólo de elaborar y definir una Carta de Derechos Sociales fundamentales, es más importante si cabe el camino que vamos a recorrer en su elaboración, el método de participación que vamos a articular porque es así como va a gestarse ese contrapoder.

Para ello desde un grupo de trabajo promotor del debate de carácter nacional (en el que participan sindicatos y organismos sociales) hemos llevado el proceso de debate y definición de la Carta de derechos sociales a los pueblos y barrios de Euskal Herria para que en ellos, las asociaciones pero también las personas que a título personal estén interesadas puedan participar y aportar con sus ideas. El 5 de abril se recogieron todas las aportaciones realizadas en los pueblos, barrios y comarcas, y el 31 de mayo se realizará la Asamblea Nacional en la que se votaran dichas aportaciones y se aprobará la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria, una especie de Carta Magna pero en este caso elaborada no por expertos en derecho ni por ningún Parlamento sino por la propia ciudadanía.

En esta Carta de Derechos Sociales se recogerán todas aquellas cuestiones que entendemos deben ser reconocidas como derechos fundamentales, y aquellos derechos para los que entendemos que al margen de coyunturas económicas puntuales, al margen de modelos económicos determinados y al margen del color de la representación política mayoritaria sí o sí deben ser atendidos y escrupulosamente garantizados antes que nada por las instituciones de Euskal Herria. Y advertimos de antemano que al estar definida por la propia sociedad esta Carta de Derechos Sociales está hecha con una gran perspectiva social, y con una gran ambición social y que por lo tanto recoge entre esos derechos fundamentales cuestiones que hasta ahora para muchos y para muchas eran objeto de lucro y negocio (vivienda, prevención de la salud, reparto de la riqueza, …).

Una vez aprobada en Asamblea se presentará a asociaciones de diferente signo para que se adhieran a la misma, se presentará públicamente, se realizarán charlas, .., y a partir de ahí, a tocar la puerta de nuestras instituciones.

La Carta Social el motor de la movilización social
Como decía, a partir de ahí, será la Carta Social la principal herramienta de la interpelación y en su caso de la movilización social. Presentaremos a nuestras instituciones la Carta Social, o algunos de sus principales contenidos, para que la reconozcan y habiliten cuantas medidas sean necesarias para su materialización.

Lo más probable es que se nieguen a aplicarla y para ello argumentarán mil y una excusas: que excede de sus límites competenciales, que no hay disponibilidad presupuestaria para ejecutarlo, etc, etc…

Pero a partir de ahí, todas esas argumentaciones no van a ser más que excusas, si conseguimos articular una dinámica de movilización fuerte a favor de la materialización de la Carta las Instituciones que son las principales responsables de que todas esas dificultades legales y/o presupuestarias se superen no van a tener más remedio que ponerse a esa tarea.

En cualquiera de los casos lo que sí habremos conseguido habrá sido primero crear conciencia de clase, crear un sujeto activo de confrontación y de contrapoder, superar las dinámicas defensivas para marcar agenda política y condicionar las políticas públicas en nuestros términos. Se trata de conseguir que las instituciones y quienes las lideran tengan frente al lobby empresarial y financiero, un contrapoder popular con quien o colaboren gustosamente, o frente al que no puedan actuar únicamente como correa de transmisión de la banca y asimilados.

Necesidad de que el sindicalismo se convierta en una herramienta para la conformación del contrapoder también en el ámbito de la empresa o del centro de trabajo
Si bien lo que hasta ahora hemos desarrollado es la experiencia del sindicalismo vasco en la construcción de una dinámica de lucha ofensiva, y de un contrapoder en el campo de lo social, desde el punto de vista de LAB no menos importante es la reflexión que el sindicalismo debe hacer en relación a su papel en el mundo del trabajo, y la clave en la que desde ya estamos enfocando en nuestro sindicato la acción sindical.

Entendemos que siendo necesario, hasta la fecha el sindicalismo se ha preocupado casi exclusivamente de la disputa de la riqueza generada en la empresa. De alguna manera se ha aceptado el modelo de empresa en el que desde la aceptación de una relación de poder jerárquica, el capital decide y organiza el proceso productivo, y el trabajo obedece.

Es este un concepto trasnochado de las relaciones laborales, un concepto que además de no corresponderse con la lectura que hacemos sobre que el capital y la propiedad privada de los medios de producción no son más que trabajo acumulado, y que no por eso deberían estar sobre la fuerza de trabajo, no se corresponde tampoco con una realidad del mundo del trabajo en el que las y los trabajadores tenemos un grado de preparación y cualificación cada vez mayor, y en el que no necesitamos en absoluto que nadie dirija ni tutele nuestras actividades.

Es un concepto que tampoco se ajusta al contexto actual en el que reforma laboral tras reforma laboral se le da a la parte empresarial total capacidad de unilateralidad, es decir, capacidad total de imposición y poder absoluto. Un contexto de relaciones laborales totalmente antidemocrático en el que además del reparto de la riqueza generada, debemos dirigir nuestra intervención sindical también a disputar el poder en el sentido más amplio de la palabra al capital.

En este sentido es en el que desde LAB hemos planteado la cuestión de la negación de la unilateralidad de la empresa como una cuestión fundamental para la firma de ningún convenio. No podemos firmar ningún acuerdo por bueno que sea en contenidos si no se recoge como parte del mismo la negativa por parte de la empresa a adoptar decisiones unilaterales en materia laboral. Se trata de pelear más allá de los contenidos también la democratización de las relaciones laborales.

El sindicalismo debe ser una herramienta de la clase trabajadora para la disputa también del poder dentro de la empresa, de la capacidad de decisión incluso sobre el proceso de producción. Eso exige ampliar la perspectiva de la acción sindical y la negociación colectiva, pero exige sobre todo abordar un proceso de empoderamiento de la clase trabajadora. Igualmente importante es el conseguir que este proceso de empoderamiento se haga desde una conciencia de clase fuerte, solidaria e internacionalista si de verdad queremos que sirva para construir un modelo de empresa diferente a la capitalista.

Será algo que seguramente no podremos acometer de un día para otro, un recorrido que habrá que transitar progresivamente pero el camino que necesariamente deberemos recorrer si queremos avanzar de un modelo de producción y de empresa capitalista, a un modelo de producción socialista.

Construyamos una Europa Social desde los pueblos de Europa: la Europa de los Pueblos
Pensamos que en Europa, en esta Unión construida a la imagen y semejanza del capital, sólo se conseguirá operar un cambio político y social desde los cambios que seamos capaces de articular en cada una de nuestras naciones, y desde el propio pueblo.

Sería interesante articular en la mayor parte de las naciones posibles procesos de construcción de un contrapoder popular porque estamos convencidos de que al igual que en Euskal Herria, en el resto de las naciones también existe una gran distancia entre los gobernantes y las clases populares. Depende de la capacidad que tengamos de organizar a la clase trabajadora pero de hacerlo desde la emancipación, desde la participación en lo público y desde la ideologización y dejando de lado el delegacionismo.

Las luchas locales traerán consigo una transformación global. Cuantos más pueblos tomemos consciencia y las riendas de nuestro destino mayor será el efecto multiplicador que eso provoque en otros pueblos de Europa, y mayor será nuestra capacidad para hacer frente a quienes desde las instituciones europeas pretenden servir únicamente al capital.

Para terminar un saludo y el agradecimiento mío personal, pero también en nombre del sindicato LAB al que represento, por habernos invitado a participar en estas jornadas. Ha sido un placer y espero que nuestra aportación haya servido para arrojar algo de luz sobre la cuestión de los retos del sindicalismo europeo para los próximos años.

 

 

 

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