IRITZIA.- Xabi Llodio y Zorion Ortigosa, miembros de la federación de industria de LAB

A raiz del acuerdo alcanzado por la Diputación Foral de Gipuzkoa, la multinacional Candy y el comité de empresa de Candy, la situación de Candy está en los medios de comunicación dentro del revuelo mediático tan característico de estas eternas precampañas electorales. Por ello, y a pesar de que el proceso de reindustrialización es un proceso aún no culminado, y también por eso, proponemos hacer una reflexión más pausada sobre lo que está siendo dicho proceso.

Los protagonistas del acuerdo
El proceso de cierre de Candy es una historia de buenos y malos: buenas como las trabajadoras, algunas con más de 40 años en la fábrica se vieron de un día para otro con la amenaza del despido. El malo obviamente, es el papel asumido por Candy, multinacional que después de años de beneficios, tomó la decisión de deslocalizar su producción de lavadoras a China para ganar más. La reforma laboral convirtió el procedimiento para el cierre de empresas en un proceso unilateral, facilitando estos procesos. Y haciendo un pequeño guiño a la célebre película de Sergio Leone, el papel del feo le ha tocado a la Diputación Foral de Gipuzkoa, que a pesar de haberse comprometido presentando una propuesta de hoja de ruta y búsqueda de proyectos alternativos, no para de recibir criticas desde diferentes ámbitos, solo entendibles desde una perspectiva exclusivamente electoral. Para nosotros el debate debería ser ¿por qué no han actuado todas las instituciones del mismo modo ante deslocalizaciones?

Luchar dentro
Pero ¿ cual ha sido en ese contexto tan adverso lo que ha propiciado que se abra la puerta a la reindustrialización? La movilizaciones, protestas y lucha constante de los y las trabajadoras. Los acuerdos con las multinacionales nunca son acuerdos win-win (ganar-ganar) en el que las dos partes ganan, son acuerdos arrancados por la pelea como en este caso.

La colaboración de la institución pública correspondiente a veces resulta imprescindible para explorar nuevos caminos como en este caso, pero el motor que ha empujado el proceso ha sido la organización y la lucha.

Pero también fuera
Uno de los logros en Candy ha sido generar alianzas y complicidades que han conseguido sacar el conflicto a la calle y al pueblo. La solidaridad mostrada por agentes sociales, pleno municipal, vecinos… ha convertido la defensa del empleo en un reto de todo el pueblo de Bergara.

El valor de la solidaridad
Queremos aplaudir la actitud mostrada por el colectivo de trabajadores de Candy, su responsabilidad, solidaridad y compromiso. No es fácil escapar de la única alternativa que nos suelen plantear multinacionales y el Gobierno Vasco: la negociación del precio del despido. Han dado un verdadero ejemplo anteponiendo el empleo y el interés colectivo a intereses particulares.

Más allá de Candy: Construyamos alternativas
El caso de Candy no ha de interpretarse y valorarse única y exclusivamente según el éxito del proceso de reindustrialización, aún siendo éste su objetivo primordial.

Tengamos proyecto o no, ha sido ejemplo de que la lucha de los y las trabajadoras puede romper con la unilateralidad de la reforma laboral, posibilitando alternativas. Construir más experiencias de este tipo es lo obligará a las instituciones públicas a enfrentarse a las deslocalizaciones. Las instituciones y especialmente el Gobierno Vasco deben acabar con la política de “alfombra roja” a golpe de talonario para las multinacionales, bien dotadas de cuantiosas subvenciones sin condición ni garantías, como el estrellado coche Hiriko.

Se pretende ocultar la falta de un verdadero plan para potenciar la industria con propaganda, pero no se puede ocultar la realidad: en la CAV se conjuga la pretensión de desregular el mercado de trabajo precarizando y restando cualificación a la mano de obra a golpe de reforma laboral con la reducción de las dotaciones a la I+D+i.

En el caso concreto de Candy, aún no conocemos ningún compromiso que haya adoptado el Gobierno Vasco desde que Arantxa Tapia dijo “no aceptamos el cierre de Candy”. Seguimos esperando. Pero sabemos que cuantos más Candys podamos organizar, más difícil tendrá escurrir el bulto.

Para ello debemos acertar en cada caso amoldándonos a cada situación y planteando alternativas que construyan pequeños diques que contengan esta marea neoliberal en la que se nos pretende ahogar y dejarnos a merced de lo que dictan las grandes corporaciones. Responder hasta conseguir hacer frente a las deslocalizaciones defendiendo el tejido productivo y el empleo .

Somos conscientes de que en el marco actual la respuesta será parcial y solo podremos ganar las batallas en las que mejor nos organicemos y mejores aliados encontremos, pero cada batalla será un paso más hacia la verdadera alternativa: dotarnos de un marco propio, soberano en el que no se impongan leyes que obligan a que los y las trabajadoras sean las únicas que con su lucha pueden cambiar el guión establecido. Paso a paso, lo conseguiremos!