Según los datos difundidos por el Servicio Público de Empleo el paro registrado en Hego Euskal Herria aumentó el mes de agosto en 1.879 personas, después de cuatro meses de descensos consecutivos.

Ciertamente, esta evolución es habitual y se produce todos los años como consecuencia del cierre de la temporada de verano y la extinción de los contratos ligados al auge transitorio que experimenta el sector servicios durante la campaña estival; pero no por ello deja de ser una mala noticia. Al contrario, el hecho de que el paro retome su tendencia alcista nos devuelve a la cruda realidad y aleja el espejismo vislumbrado estos últimos meses en pleno desierto recesivo.

Con este repunte ya se eleva a 208.477 el número de personas paradas registradas en las oficinas que los servicios públicos de empleo tienen repartidas por los cuatro territorios. Esta cifra representa un 14,5% más que hace un año, es decir, que hay 26.341 personas más en paro con respecto a finales de agosto de 2011.
Por otro lado, también cabe destacar que, según los datos de la encuesta EPA del segundo trimestre, durante los seis primeros del año se han destruido alrededor de 44.600 puestos de trabajo en Hego Euskal Herria.

En definitiva, todos estos datos confirman que el alargamiento de la crisis y la cronificación de las situaciones de desempleo son el resultado lógico del proceso de devaluación interna impulsado por el Gobierno de Madrid, ahora en manos del PP y antes en las del PSOE.

Los sucesivos Gobiernos españoles están implantando este duro proceso a golpe de decreto y con reformas que tienen como objetivo reestructurar el capitalismo para aumentar la competitividad de las empresas a costa del empobrecimiento de la clase trabajadora y de los derechos laborales y sociales. Por eso las reformas laborales van dirigidas a facilitar la destrucción de empleo, para que el “ejercito de reserva” presione sobre los salarios a la baja. Y en esta misma dinámica encajan los continuos recortes de servicios públicos y prestaciones sociales, que en última instancia son considerados como un lastre competitivo y un obstáculo para la iniciativa privada y la acumulación de capital.

Pero ante esta situación, y las sombrías perspectivas que a corto plazo se ciernen sobre la clase trabajadora vasca, no podemos caer en el desánimo. Frente a las actitudes de tibieza y pasividad cómplice es preciso reactivar la lucha por un cambio de modelo político, económico y social. Y para impulsar ese escenario no queda otra alternativa que responder de forma contundente a las políticas neoliberales impuestas por los centros de poder políticos, económicos y financieros.

Por eso, en el inicio de curso que ahora estrenamos, la respuesta a las últimas imposiciones y ataques antisociales se materializará en una nueva huelga general el próximo 26 de septiembre, en cuya organización hemos volcado todos nuestros esfuerzos.

Gasteiz, 4 de septiembre de 2012