El año 2014 ha comenzado con un nuevo repunte del paro, registrándose 8.472 personas más desempleadas con respecto al mes anterior. Asimismo, las cifras de afiliación a la Seguridad Social describen un deterioro todavía mayor, ya que revelan la pérdida de 12.348 cotizantes. Por tanto, se mire como se mire, enero ha sido un mes nefasto para el empleo en los cuatro territorios de Hego Euskal Herria.

Sin duda alguna, tal y como ocurre todos los años, el fin de la campaña navideña está directamente relacionado con esta evolución. Pero, por otro lado, ésta es la secuencia lógica de lo que ocurre cuando las supuestas mejoras del panorama laboral se sustentan en un modelo de contratación temporal y precario.

Algunos responsables políticos se han encargado de subrayar que se trata de la menor subida que registra el paro un mes de enero desde el inicio de la crisis. Sin embargo, es oportuno señalar que después de cinco años y medio de destrucción de empleo es previsible que en algún momento (no se sabe cuándo) toquemos fondo.

No podemos olvidar que desde mediados de 2008 se ha destruido el 15,7% del empleo existente en Hego Euskal Herria antes de la crisis; mientras que en la Unión Europea el empleo se ha reducido un 2,4% de media.

En todo caso, la situación de emergencia a la que nos han arrastrado es de tal gravedad que cualquier empeoramiento resulta insoportable socialmente y políticamente intolerable; sobre todo teniendo en cuenta que la mitad de las personas en paro ya no cobran ningún tipo de prestación por desempleo y atraviesan auténticos problemas de superviviencia.

Todavía está por demostrar que la tantas veces anunciada recuperación económica, que se pronostica frágil y lenta, finalmente llegue a consolidarse y a trasladar sus efectos al ámbito laboral. Pero si hay algo que ha quedado meridiamente claro es el fracaso de las reformas laborales como instrumento para impulsar la recuperación del empleo, suponiendo que este fuera su verdadero objetivo.

Despidos masivos, flexibilidad interna, reducción de salarios, aumentos de jornada y debilitamiento de la capacidad contractual de los sindicatos para mejorar la correlación de fuerzas a favor de la patronal empresarial. Este es el resultado de haber dinamitado el modelo de relaciones laborales y de negociación colectiva conocido hasta ahora. Y sus consecuencias se manifiestan en un agravamiento de las condiciones de vida y de trabajo, más paro y precariedad, y un creciente empobrecimiento de la sociedad.

Frente a este estado de cosas, no caben las lamentación, es preciso intensificar la movilización social; y con ese propósito hacemos un especial llamamiento a participar en las diferentes manifestaciones que hemos organizado para las próximas semanas contra la pobreza y contra la cumbre económica organizada en Bilbo el próximo 3 de marzo.

Gasteiz, 4 de febrero de 2014
 

LAB sarean
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